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Steve Han, quien fue asistente personal de Charlie Sheen, recordó en entrevista con el diario Daily Mail un incidente que presenció en casa del actor, a raíz del cual se dio cuenta de que algo andaba mal con él.

Han aseguró que en una ocasión, a mediados de 2012, Sheen, ebrio y drogado, se puso a jugar con una navaja delante de sus amigos y varias estrellas porno, a las cuales les había pagado por asistir.
Luego, el actor se resbaló y se cortó con la navaja en la pierna.

Cuando la sangre salpicó la alfombra y un iPad, uno de sus amigos trató, en broma, de tocar el fluido y gritó: “Ésa es sangre de tigre, Charlie”.

Pero el actor lo paró en seco y exclamó: “¡No toques mi sangre, no toques mi sangre, tengo esta cosa!”.
El amigo retrocedió en shock, sin entender la reacción de Charlie Sheen.

“Fue una reacción muy extraña, parecía verdaderamente preocupado ante la idea de que alguien pudiera tocar su sangre. Estábamos de fiesta y nadie le dio demasiada importancia porque fue una noche muy salvaje, pero en el fondo yo sabía que algo iba mal, lo podía ver en sus ojos. En aquel momento pensé que a lo mejor tenía hepatitis C o algo así, nunca me imaginé que pudiera ser peor. Sabía que pasaba algo, pero no sabía qué”, explicó Han al periódico Daily Mail.

Finalmente, Charlie le reveló a su asistente que había contraído el virus del VIH durante una emotiva charla.

“Me acuerdo que yo tuve algunos problemas con uno de los guardaespaldas de Charlie porque el tipo estaba siendo muy duro conmigo y me molestaba. Una noche Charlie me preguntó qué estaba pasando. Nos sentamos en la cocina y empecé a contarle mis problemas y me desahogué con él, me puse algo emotivo. Estábamos siendo honestos el uno con el otro, yo le estaba contando mis problemas con el guardaespaldas y él empezó a contarme los suyos y me dijo que la vida no era perfecta. Fue entonces cuando me dijo: ‘Soy VIH positivo’, se mostró un poco indiferente. Me quedé paralizado, se notaba que le entristecía tener que decírmelo, era evidente que no quería contármelo porque solo quería empatizar conmigo. Se mostró muy fuerte, dijo: ‘No pasa nada, no llores. No me estoy muriendo, las cosas mejorarán’. Me tranquilizó diciéndome que tenía los mejores médicos y que le estaban cuidando. Para él, esto no es una sentencia de muerte”.

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