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Cada temporada, las firmas de lujo innovan con apetecibles propuestas para tratar de seducirnos. Pero, frente a las novedades, hay un grupo de elegidos a los que, no solo no les afecta el paso del tiempo, sino que éste los ha convertido en auténticos objetos de culto. Modelos clásicos que ya se consideran eternos, cuyas siluetas son inconfundibles.

Hermès es una de las casas que atesora un mayor número de joyas. Desde el icónico Kelly que Robert Dumas creó 1937 (y que saltó a la fama al convertirse en el preferido de Grace Kelly) hasta el que está considerado “EL BOLSO”: el Birkin. Éste último, fruto del capricho de Jane Birkin en 1984, ha logrado eclipsar a su antecesor gracias a las leyendas creadas en torno a él. La larga lista de espera que existe para hacerse con uno, las ocultas cifras de ventas, el estudio al que debes someterte para acceder a la compra… realidad o estrategia de marketing que influye aún más en el crecimiento de ese deseo inalcalzable.

Las historias detrás de cada bolso son claves en su éxito
Y es que es precisamente la historia que se esconde detrás de cada pieza la que provoca el sentimiento aspiracional. El 2.55 es otro de los bolsos más deseados. Su creación se remonta a mediados del siglo XX cuando la transgresora Coco Chanel incorporó una cadena de eslabones a su clásico bolso de mano acolchado y su éxito fue tal que, a día de hoy, sigue siendo el más vendido de la casa francesa, así como uno de los más imitados en el mercado de las falsificaciones.

El español Amazona también sufre el efecto de los fraudes por ser símbolo de exclusividad. El modelo emblema de Loewe (de asa corta, en formato rectangular, con un pequeño candado y logo grabado en el frontal) no deja de reinventar su fórmula con materiales de altísima calidad y ya es posible incluso customizarlo a través de su tienda online de acuerdo a los gustos del cliente.

Louis Vuitton es otra de las firmas que ofrece la personalización de muchos de sus productos. Entre ellos, el Speedy, su gran ‘hit’, que nació como versión de la tradicional bolsa de viaje Keepall creada en 1930 cuya gran baza es la practicidad. Está disponible en tres tamaños diferentes (uno de ellos creado ex profeso para la actriz Audrey Hepburn en la década de los 60) tanto con el dibujo Damier como con el aclamado Monogram.

El Speedy de Louis Vuitton pasó a ser uno de los ‘it bags’ por excelencia desde que se convirtió en el inseparable complemento de Audrey Hepburn.

El Speedy de Louis Vuitton pasó a ser uno de los ‘it bags’ por excelencia desde que se convirtió en el inseparable complemento de Audrey Hepburn.

Cuestión de coronas
Si el Kelly debe su gloria a la que fuera Princesa de Mónaco, Diana de Gales es la responsable de la del Lady Dior. O mejor dicho, Bernardette Chirac. En 1995, la mujer del entonces Presidente de la República Francesa pidió a la Maison un exclusivo diseño con el que sorprender a la inglesa. ¿El resultado? Un bolso cuadrado con el clásico entramado de rejilla de la firma y las iniciales a modo de charms colgando del asa que en las manos de Lady Di pasó a ser un boom de ventas.

También lo fueron el Bamboo de Gucci (nacido en la posguerra con asa de bambú como material importado de Japón), el Baguette de Fendi (cuyo nombre se debe a la barra de pan de origen francés que se lleva bajo el brazo) o el conocido como Saffiano de Prada (del que la joven actriz Elle Fanning ya tiene su propia versión). Los tres superaron todas las expectativas de negocio en sus primeros años de vida y enseguida pasaron a llevar asignada la etiqueta de icónicos. En el caso del de Fendi, aparecer como accesorio fetiche de Sarah Jessica Parker en la serie de televisión ‘Sexo en Nueva York’ hizo que esta creación de 1997 haya sido ya reversionada en más de mil ocasiones.

Nuevos tiempos
Pero, no te dejes llevar por la nostalgia porque no todos los bolsos que ya son un pedazo de historia de la moda fueron creados el siglo pasado. La incorporación de jóvenes talentos a la industria sirvió de soplo de aire fresco a las casas de lujo en el terreno de los accesorios. El Motorcycle de Balenciaga salido del imaginario de Nicolas Ghesquière es un claro ejemplo de ello. Marcó un antes y un después al apostar por un estilo más urbano al que estábamos acostumbrados y convertirse en ‘bestseller’ en cuestión de semanas.

Le siguieron el Matelassé de Miu Miu, el Va Va Boom de Valentino, el Falabella de Stella McCartney, el Antígona de Givenchy, el Rockie de Alexander Wang, el Boston de Céline, el Alexa de Mulberry… bolsos ya de culto, casi fetichistas, que han visto como se revalorizaron con el paso del tiempo. ¿Cuál será el próximo en entrar en conquistarnos?

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