CIUDAD de MÉXICO – “Me van a deportar…”, aceptó Patrick Kowalski sentado en una banca del Instituto Nacional de Migración (INM) en Tijuana hasta donde llegó después de una odisea como indocumentado en México donde quería vivir como un oriundo y no como turista como lo hacen miles de sus compatriotas.

“No sabía que podían repatriar a un estadounidense”, dice en entrevista desde Miami  aún frustrado por desconocer las contundentes cifras que derrumban sus creencias.

En los últimos años las autoridades migratorias mexicanas repatriaron diariamente a un ciudadano de EEUU y aunque en 2014 el número tuvo una ligera baja (294 casos), Patrick dio cuenta de ello.

La mayoría de las deportaciones de “gringos” están relacionadas con infracciones,aunque también están aquellas por razones de residencia cuando sólo tienen permiso de turistas; delincuentes prófugos, uno que otro activista político y aventureros, según observa Hugo Bezares, catedrático de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Patrick era de estos últimos. Con 26 años y mucho tiempo libre vino a México “para conocer más allá de las zonas turísticas”. Pasó de largo por Los Cabos y Cancún y terminó en Acapulco, “me dijeron que era una playa más de mexicanos”.

Una vez en el puerto -uno de los sitios más peligrosas del mundo por el número de asesinatos, secuestros y narcotráfico- el joven se tiró a la pachanga. Una juerga interminable de alcohol y marihuana hasta que una mujer lo acusó de haber robado su bolsa y en menos de dos días ya estaba Tijuana, apenas el Ministerio Público supo que no tenía documentos y notificó al INM.

A un año de lo acontecido “Crash” –como lo llaman sus amigos- asegura que fue una experiencia rara, pero “la merecía”.

En busca de otra vida

Dejar de lado el acelerado ritmo de Nueva York empujó a Brenda Long a vivir unas vacaciones “de ensueño” en Playa del Carmen (Quintana Roo) que se prolongaron 15 años. “En el 2000 me jubilé como enfermera del Harlem Hospital Center y me gustó tanto Playa que quise poner un negocio ahí, busque alguien con quien asociarme para hacer más dinero y una casa que me rentaron sin problemas”.

La mayoría de las personas que vienen de vacaciones a México y se quedan a vivir una vida diferente, más barata y con paisajes que en su día a día no podrían observar, es el grupo de personas que hacen el grueso del millón de estadounidenses que viven aquí, observa Mónica Mora, experta en migración del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología. “Muchos tienen más de 60 años”.

Ahora Brenda tiene 70, pero no está aquí: fue deportada porque alguien la delató. “Fue todo al mismo tiempo, como una maldición: en menos de un año mi restaurante (Ajúa Maya) quebró, y Migración vino por mi para enviarme a Tijuana y enviarme de regreso a NY”, cuenta en un testimonio a distancia.

“Me sentí humillada, pero mi vida todavía está en Playa del Carmen y algún día voy a regresar”.

El escondite

No existen cifras oficiales del número de deportados por huir de la justicia en EEUU.“Esta situación es muy delicada, porque estamos hablando de delincuentes, por lo tanto es difícil poder obtener información concreta” asegura Javier Urbano, analista migratorio de la Universidad Iberoamericana.

En enero pasado fueron detenidos y deportados tres presuntos delincuentes estadunidenses en la ciudad fronteriza de Tijuana. Uno de ellos, apuñaló a su esposa en reiteradas ocasiones con el objetivo de asesinarla y huyó; los otros, son acusados de asalto a mano armada, venta de narcóticos y violación a la libertad condicional.

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