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Come mal y trabaja duro”, me dice Giuseppe, un señor de 94 años, cuando le pregunto por el secreto de la longevidad.

Giuseppe me lleva a su huerta, que visita todos los días y en la que crecen tomates, pimentones, limones, naranjas y lotos sagrados.

Llegamos a su pueblo natal, Acciaroli, en el sur de Nápoles, para hacer un reportaje sobre la sorprendente longevidad de sus habitantes, de los cuales uno de cada diez es centenario, según el alcalde Stefano Pisani.

Son varias las razones que explican que vivan tantos años: la llamada dieta mediterránea, hacer ejercicio de manera regular, el clima templado…

Pero Giuseppe se burla durante toda la charla de la vida sana, apuntando que hasta hace cinco años fumaba dos paquetes de cigarrillos diarios. Su prescripción está más dirigida al mundo adulto. ¿Su secreto? “Donne”, dice. Mujeres.

Me cuenta que después de que su esposa murió, hace seis años, entró en una profunda depresión. “Pero luego pensé que no era el fin del mundo. Que debía seguir con mi vida. Así que le pregunté a una ‘donnina’ (mujer más joven) si quería acompañarme, y me dijo que sí”, recuerda. “Me di cuenta que eso también es indispensable. Te hace feliz, más alegre”.

¿Pero eso todavía funciona?, le pregunto.

“Claro. Una vez sí que funcionó”, responde.

Un vecino nos cuenta que Giuseppe ha cambiado varias veces de cuidadoras, porque les ha hecho muchas insinuaciones incómodas.

¿Carne o pescado?

Lo de la dieta mediterránea todavía tiene algo de misterio. La dieta consiste en comer muchísimas frutas y vegetales frescos, una cantidad moderada de carbohidratos y pescado. También incluye nueces y aceite de oliva.

A la siguiente mañana Elisabetta, la asistente del alcalde, nos lleva a la casa de Caterina, de 81 años, quien nos muestra cómo preparar un plato típico basado en la dieta mediterránea.

Mientras cortaba papas, tomates y ajo para freírlo con aceite de oliva, le pregunté si le gustaba el pescado. Sonrió, arrugando su nariz. “No, no mucho. Prefiero la carne”, respondió. “Y el helado. Amo los dulces”.

Desde el otro cuarto Elisabetta se reía con una pizca de desespero dado que este “evento promocional” de la dieta mediterránea de repente había fracasado.

Los habitantes más viejos de Acciaroli y de las áreas costeras y montañosas que rodean el pueblo son sujetos de un estudio dirigido por la Universidad La Sapienza de Roma y la Universidad de California, en San Diego.

Los expertos están investigando a 300 de los habitantes centenarios de la zona, para tratar de entender porqué la gente vive tantos años y tiene índices tan bajos de enfermedades del corazón y mal de Alzheimer.

Dentro de las cosas que analizan está si las altas concentraciones de romero en la dieta y la gran cantidad de caminatas que hacen a través de las montañas cercanas tienen un impacto en su longevidad.

La nutricionista estadounidense Ancel Keys (creadora de las raciones K, que alimentaron a las tropas de Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial) fue la primera en identificar lo que luego se conocería como la dieta mediterránea, cuando encontró en esta parte de Italia a tantas personas de edad y muy activas.

Keys vivió acá y estudió esa dieta antes de morir a la edad de 100 años, en el 2004.

Delia Morinello, de 79 años, fue la cocinera de Keys durante muchos años. Hoy, maneja un restaurante especializado en comida mediterránea.

Contrario a Caterina, es una apasionada defensora de esa dieta y nos muestra cómo preparar un plato muy sano, de pasta con garbanzos. En la cocina del restaurante ha dispuesto varios tazones con tomates, cebollas, hojas de laurel, sardinas, calabacines, zanahorias, romero, apio y albahaca.

“Cuando trabajé para Keys, nunca compramos carne. En este restaurante la carne no existe. Y tampoco la mantequilla”, aclara.

El hecho es que el promedio de esperanza de vida de los italianos ya está en 82 años. A ellos les gustan sus frutas y vegetales frescos y, en mi humilde opinión, son algunas de las personas más obsesionadas con la comida en la tierra. La comida -dónde se compra, cómo se prepara y cómo se come- es el tema preferido de conversación entre ellos.

El sistema de salud italiano es considerado uno de los mejores de Europa. Y, tal vez más importante aún, los italianos no creen que sea necesario trabajar hasta quedar exhaustos para destacarse y salir adelante.

Pero sólo hasta que conocí a Antonio y a Amina pude entender realmente dónde está el secreto para que los habitantes de Acciaroli vivan tanto.

Antonio celebró su cumpleaños número 100 en febrero pasado. Después de pasar una temporada con el Ejército italiano en Etiopía, en los años 30, regresó a Acciaroli para convertirse en pescador.

En ese momento era un pueblo remoto y pobre, sin electricidad ni agua potable. Sus habitantes comían lo que crecía allí. La vida era dura: los más débiles morían jóvenes y sólo los fuertes sobrevivían. “Lo recuerdo todo. Lo recuerdo como si fuera ayer”, dice.

Pero Antonio tampoco estaba interesado en hablar sobre la dieta. El secreto de su longevidad es, según insistió, “esta hermosa mujer que está al lado mío, la mujer de mi vida”.

Se refería a Amina, de 93 años, que sonreía tímidamente mientras Antonio hablaba. Activa y de muy buen humor, todavía escribe poesía y la recita de memoria, fácilmente. Su poema favorito es uno que le dedicó a Antonio:

“En el mar, las olas le dieron tranquilidad a mi alma
Vi un pequeño bote aproximarse, a un pescador tirando las redes
Cuando se acercó, lo miré y me sonrió
Me invitó a subir al bote para dar un paseo, fue un viaje placentero
Vi gaviotas volar alrededor, peleando con otros pescadores
Me sentí poseída por la belleza del mar y me convertí en la novia de un pescador”.

Mientras recita la última línea del poema, se acerca a Antonio y le acaricia el mentón.

El amor y la ternura -más todas esas cosas sanas, seguramente- son los verdaderos ingredientes secretos de la longevidad.

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