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Donald Trump y su nuevo compañero de fórmula, Mike Pence, podrían no concordar en todo. Pero comparten al menos una visión republicana común: la idea de que recortar impuestos impulsa la economía.

Trump ha propuesto bajar la tasa de impuestos máxima sobre los ricos a un 25%, desde el 39,6% actual. También eliminaría el impuesto al patrimonio y el impuesto mínimo alternativo. Y ha propuesto la reducción de la tasa de impuesto a sociedades a solo 15%.

Como gobernador de Indiana, Pence presionó por un gran recorte en el impuesto sobre la renta personal en el estado, que ya era el segundo más bajo de la nación.

“Esta reducción de impuestos liberará 500 millones de dólares en la economía privada voluntaria cada año”, dijo Pence en su primer discurso del Estado del Estado tras asumir el cargo en 2013.

“Permitir que los habitantes de Indiana tengan más dólares para gastar, invertir o ahorrar será bueno para las familias de Indiana y para las empresas”, agregó.

Obtuvo la mitad de lo que deseaba: un recorte del 5%, lo cual disminuyó la tasa fiscal al 23,3% en los dos años siguientes, de acuerdo con Richard Auxier, investigador asociado del Tax Policy Center.

Pence también eliminó los impuestos a la herencia y a las sucesiones ese año, un beneficio para los ricos, y redujo los impuestos corporativos.

Como congresista, Pence abogó por hacer permanentes los recortes fiscales de Bush entre 2001 y 2003 y se pronunció a favor de un impuesto de tasa única, que dijo que simplificaría y reduciría las cargas fiscales estadounidenses.

Pero aunque tanto Trump como Pence defienden la reducción de impuestos, sus políticas podrían conducir a resultados muy diferentes.

Trump ha propuesto uno de los planes fiscales más costosos del mundo, el cual aumentaría la deuda nacional “masivamente”, según el bipartidista Committee for a Responsible Federal Budget.

El Comité estima que el plan de Trump reducirá el dinero que es destinado a las arcas federales en 10,5 billones de dólares solamente en la primera década. Al mismo tiempo, incrementaría el gasto público en cerca de 650.000 millones de dólares.

La campaña de Trump sostiene que su plan fiscal generaría un crecimiento económico suficiente para costearse a sí mismo. Pero los expertos fiscales han puesto eso en duda.

Pence, por otro lado, se ha beneficiado de una economía en crecimiento en Indiana y en todo el país. El estado tuvo presupuestos equilibrados, como exige la ley, e incluso finalizó el año fiscal con superávit.

El Comité Nacional Republicano ya está promocionando el historial económico de Pence: “El gobernador Pence es un servidor público con experiencia y un conservador sólido cuyas políticas han generado el periodo más largo de crecimiento de empleo ininterrumpido en la historia de Indiana”, dijo en un comunicado el viernes.

Durante su mandato, la tasa de desempleo del estado se redujo de 8,4% a 5%, gracias en parte al repunte de la manufactura. Auxier señaló que la tasa de desempleo nacional se redujo de 8,3% a 4,7% durante el mismo periodo.

Por lo tanto, en el estado de Indiana, el gobernador tiene poderes algo limitados en lo que respecta a presupuestos y finanzas, dijo Andrew Downs, profesor asociado de Ciencias Políticas en la Universidad de Indiana University-Perdue University, en Fort Wayne. En última instancia, los legisladores controlan lo que ocurre con las tasas de impuestos.

“En Indiana, cuando las cosas se ven bien financieramente, el crédito debe expandirse”, dijo Downs.

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