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Nadie conoce aún el motivo que obligó a un hombre anglosajón de San Diego a soltar el gatillo de su pistola, matando a una persona e hiriendo a siete el fin de semana pasado, pero lo cierto es que quería que su exnovia escuchara los disparos y los gritos de los heridos.

Según la Policía de San Diego, Peter Selis, de 49 años, abrió fuego ante una muchedumbre de unas 30 personas de descendencia afroamericana y latina el pasado domingo, cuando éstas se encontraban disfrutando de una tardeada en la piscina comunitaria del complejo de apartamentos La Jolla Crossroads, celebrando el cumpleaños de un residente.

Previo a comenzar a disparar, un testigo presente en la fiesta en la piscina dijo al San Diego Union Tribune que el cumpleañero se le acercó a Selis y le ofreció comida.

“Seis o siete minutos después fue ‘pow, pow, pow’ de la nada”, dijo, agregando que no hubo indicación alguna que el hombre había acudido a la fiesta para hacer maldad.

A decir de la Policía de San Diego, el hombre la llamó por teléfono, diciéndole “acabo de disparar a dos personas”, antes de continuar disparando a los presentes.

Según las autoridades, Selis comenzó a disparar contra la multitud a las 6 p.m. con su pistola de alto calibre. Al menos ocho personas fueron alcanzadas por las balas y tras vaciar el cargador, pretendía recargar el arma para continuar su ataque, cuando de pronto fue detenido a tiros por tres agentes de la Policía de San Diego.

Selis fue declarado muerto en el lugar de los hechos.

Una mujer, afroamericana, fue trasladada a un hospital local para ser tratada por su condición crítica, pero más tarde falleció. Su identidad no ha sido revelada.

Otras siete personas cuatro mujeres y dos hombres afroamericanos, un latino- resultaron heridos, pero no de gravedad, informó la policía.

A decir de varios testigos de los hechos, el hombre comenzó a disparar contra la gente, sosteniendo en una mano su cerveza y apareciendo tranquilo durante el ataque.

Pero la serenidad que irradió esa tarde era una inexistente en su vida —al menos en cuanto a temas financieros.

Según datos recabados por el Los Angeles Times, Selis debía más de $100,000 a numerosos centros médicos de San Diego, y tenía bastantes reclamos de parte de cobros tardíos para tarjetas de crédito.

En 2015, se declaró en bancarrota.

El hombre tenía residencia en el complejo de apartamentos.

Las autoridades aún intentan determinar qué motivó el ataque.

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