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El fenómeno de fascinación por el antihéroe, el buen bandido, no es algo nuevo. Pero, a diferencia de antes, hoy la narcocultura se ha masificado y mueve más millones que nunca. Examinamos aquí las razones

Si Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera ya era popular y contaba con apoyo de mucha gente antes de su segundo escape de una prisión de máxima seguridad en México, ahora se ha consolidado como uno de los criminales más famosos, y hasta admirados, en la historia.

Por ejemplo, su figura no solamente inspiró decenas de narcocorridos y hasta una novela hecha por Televisa y Univision a inicios de 2014, sino que también, luego de su recaptura en febrero de ese año, se vieron diversas muestras de solidaridad populartanto en la web como en marchas donde incluso alguna joven fue vista con una pancarta en la que se leía “Chapo, hazme un hijo”. Hoy, tras fugarse otra vez, los memes y canciones sobre él salen como pan caliente y la industria de Hollywood salta en la moda con algunas producciones.

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Con el paso del tiempo, la narcocultura trascendió barreras. Hoy no se ven estas expresiones de idolatría únicamente en lugares como Badiraguato, el pueblo natal de El Chapo en Sinaloa, o en disqueras y conciertos pequeños. Durante la última edición de Premios Juventud, el cantante cubano Pitbull finalizó su discurso contra Donald Trump con la frase “¡Cuidado con El Chapo, papo!”, generando aplausos en la audiencia y demostrando cierta esperanza bizarra de vindicación para una comunidad atacada por comentarios racistas y xenófobos que hicieron referencia precisamente al crimen organizado. Entre los angloparlantes de Estados Unidos también se percibe esta valoración por Guzmán Loera. Ahí está el caso del rapero French Montana, exnovio de una de las hermanas del clan Kardashian, quien al ser abordado sobre el tema declaró:“El Chapo es mi ídolo. ¡Ese tío es mi ídolo!”.

El fenómeno de fascinación por el antihéroe, el outlaw, el buen bandido, no es algo nuevo. Pero, a diferencia de antes, hoy la narcocultura se ha masificado y mueve más millones que nunca. Es ya parte del mainstream.

En la época de las redes sociales, la narcocultura y la popularidad del “Chapo” han crecido exponencialmente. De acuerdo con un estudio publicado por El Universal, las menciones de Guzmán Loera en Twitter el 12 de julio, el día de su segundo escape, superaron la cifra de 2.5 millones. Para ponerlo en contexto, aquella foto del trasero de Kim Kardashian que “rompió el Internet” en octubre de 2014 obtuvo poco más de un millón de menciones en Twitter. O sea, “El Chapo” es más viral que la reina actual en ese departamento. Otro dato del mismo informe revela de qué lado está esa gente que tuiteó acerca del fugitivo: la proporción de comentarios positivos y negativos fue de 22 a 1. O sea que por cada tuit en contra hubo 22 publicaciones a su favor o negativas para sus críticos.

Para comprender más sobre este fenómeno de admiración por uno de los capos del crimen organizado, examinamos a continuación algunos de los factores que han contribuido a su desarrollo y las reacciones que ha tenido al respecto el gobierno:

1. Las causas de la admiración por la narcocultura

– Factores socioeconómicos: Según estadísticas del Consejo Nacional de Evaluación del Desarrollo de la Política Social, el 45.5% de la población mexicana, lo cual representa 53.3 millones de personas, vive en la pobreza. Además, el país atraviesa una crisis en la que se mezcla corrupción, delincuencia, inseguridad y falta de confianza en las autoridades. De acuerdo con Rubén Tapia, director y productor en la radio KPFK, estas condiciones hacen que muchas personas “consideren que de alguna manera se enfrentan a un sistema que mantiene en la pobreza y miseria a más de mitad de su población”.

El apodo de Guzmán es por su baja estatura (chapo: chico, corto), una característica que, de acuerdo con un informe psicológico de 2005 de la Procuraduría General de la República, lo tiene acomplejado con un sentido de inferioridad . Es un asesino confeso, frío, calculador, cerebral, estratégico, implacable y con una gran ambición por el poder. Así como Pablo Escobar es visto como benefactor entre algunas personas que ayudó en Colombia, El Chapo intenta proyectar una imagen de líder mostrándose solidario y protector con los necesitados, especialmente en Sinaloa. Esa dicotomía es distintiva de los lugares afectados por ser escenario del auge del narcotráfico y crimen organizado.“Alguien como ‘El Chapo’ Guzmán no es un héroe por ser un psicópata, asesino o criminal”, dijo Elijah Wald, historiador de música y escritor especializado en la narcocultura. “Es un héroe porque viene de un pequeño pueblo, era pobre, no tenía nada y ahora es uno de los hombres más ricos del mundo y para los jóvenes pobres esto es algo increíble”.

“El Chapo” y otros narcotraficantes gozan de popularidad tanto en Mexico como en Estados Unidos. Para Wald, los motivos que han hecho de EEUU tierra fértil para la narcocultura están relacionados con la forma en la que los latinos son tratados y percibidos por la sociedad.“‘El Chapo’ Guzmán es lo opuesto a un jardinero o sirviente y por el contrario es uno de los hombres más ricos del mundo que tiene un ejército privado”, dijo Wald. “Para un joven mexicano en los EEUU, que constantemente es obligado a sentirse pequeño o menos que otros, es una forma de sentirse grande y fuerte y esto es muy importante”.

En entrevista con este diario, Sam Quiñones, periodista especializado en México y el narcotráfico, señaló que las condiciones en México y la percepción de movilidad social que ofrece el crimen organizado han contribuido al crecimiento de estas expresiones de apoyo por los narcos.“En una cultura en la que la gente tiene que luchar tremendamente para avanzar un poquito, entonces el que ha podido avanzar rápido es sujeto de veneración y adoración”, comentó Quiñones.– Sentimientos antigobierno: Según explicó Gustavo Arellano, editor de OC Weekly y autor de la columna ¡Ask a Mexican! , la apatía y desconfianza contra del gobiernomexicano es sentida por un sector considerable de la población, algo que es posiblemente una de las causantes de este extraña tendencia de apoyar a un delincuente.“A nadie de la clase trabajadora le agrada el gobierno”, dijo Arellano.

“Es por esto quecuando el gobierno es ridiculizado por cualquier individuo, como ‘El Chapo’ Guzmán, la gente celebra y se alegra aunque no estén de acuerdo con sus crímenes y acciones”.– ¿Predisposición a la violencia?: De acuerdo con Wald, el fenómeno de la fascinación por la narcocultura se puede dar con cualquier tipo de violencia en cualquier sociedad.“Me parece muy gracioso que la gente me llame y me pregunte, ‘¿cómo es que la gente puede convertir a un criminal en un héroe?‘”, dijo Wald. “Siendo este el año en queAmerican Sniper fue una de las películas más populares”.

Esto es comprensible, indicó Wald, porque cuando un país está en guerra, aumenta el mercado de películas de guerra. La actual guerra contra el narcotráfico en México explica por qué hay un mercado para canciones con letras como la de los Sanguinarios del M1: “Con cuerno de chivo y bazuca en la nuca, volando cabezas al que se atraviesa, somos sanguinarios locos bien ondeados, nos gusta matar ”.

– La dualidad del ser humano: Otro de los motivos que puede ayudar a comprender la fascinación por la narcocultura es la disonancia cognitiva, lo cual lleva a que los humanos inconscientemente alberguemos dos sistemas de valores opuestos que coexisten, señaló Juan Carlos Ramírez-Pimienta, profesor e investigador de Estudios Mexicanos en la Universidad Estatal de San Diego en Imperial Valley.

“Como en las series americanas: Breaking Bad. La gente apoya a los malos y no quiere que nada le pase al protagonista que puede llegar a ser un narcotraficante”, dijo Ramírez-Pimienta. “Esto no quiere decir que estemos de acuerdo con los crímenes o hagamos lo mismo”.“Es esta idea de que puedes sostener al mismo tiempo dos sistemas de valores aparentemente antagónicos: puedes fumar y estar muy consciente de que fumar te hace daño”, agregó Ramírez-Pimienta. “Todos los seres humanos albergamos este tipo de pensamientos encontrados”.Breaking-Bad-Season-51

2. La reacción de las autoridades

Arellano y Ramírez-Pimienta consideran que parte de la responsabilidad por la situación que atraviesa México la tiene el propio gobierno, pero que también es compartida por su homólogo estadounidense por la demanda por drogas y la falta de medidas eficaces para controlarla.

“Ni EEUU ni México han podido acabar con esta guerra y el Gobierno mexicano continúa siendo ridiculizado”, dijo Arellano. “La huída de El Chapo confirma lo que ya todos sabíamos: Peña Nieto es un tonto y un corrupto”.

¿Y cómo han respondido las autoridades en México ante la explosión de la narcocultura? En algunos lugares, promulgando medidas para prohibirla, en un intento de prevenir comportamientos violentos y evitar que se tome ese estilo de vida como modelo a seguir.

Esta censura, sin embargo, parece no haber detenido la distribución de este subgénero musical, la cual se trasladó al Internet. Según Ramírez-Pimienta, la única prohibición razonable es en instancias donde haya menores presentes, ya que es normal buscar proteger a los más vulnerables. Por otro lado, Arellano, Tapia y Quiñones comparten la idea de que las prohibiciones son una causa perdida y poco eficaces.

“Cuando a los jóvenes se les prohíbe algo, es como invitarlos a que lo busquen”, dijo Tapia, quien considera que estas medidas son un intento superficial de las autoridades de acabar con un problema mucho más grave.

“Muestra la hipocresía y corrupción presente en todas las esferas del sistema político mexicano, independientemente del partido que esté en el poder”, agregó Tapia.

3. ¿Hay futuro para la idolatría del narco?

De acuerdo con nuestros entrevistados, la narcocultura al parecer continuará creciendo y miles de personas seguirán consumiendo expresiones como los narcocorridos, siempre y cuando el narcotráfico exista.

“Toda moda termina y llegará el momento en que deje de existir”, concluyó Arellano.

Si bien los compositores de este subgénero han sido señalados a veces como culpables de la violencia causada por el crimen organizado, Wald rechaza esa idea y asegura quelos medios de comunicación tienen la respuesta para acabar con la narcocultura y su propagación.

“Hay algo que la gente no entiende: los narcocorridos no crean el narcotráfico”, dijo Wald. “Mientras que las drogas y el narcotráfico estén en la portada de un periódico, los narcocorridos serán fuertes y cuando dejen de ser noticia los corridos perderán fuerza”.

Mientras tanto seguirá la admiración por los capos de la mafia, y las disqueras y televisoras continuarán ganando millones de dólares con estas historias que son vistas, por muchos, como ejemplos de superación y antagonismo exitoso contra un sistema que es tan negligente con los pobres que algunos de ellos le tienen más fe a un asesino confeso.

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