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Es hora de que la estrella demuestre que está listo para elprime time.

La Convención Nacional Republicana en Cleveland, que inicia este lunes y culminará con el discurso del principal candidato del partido la noche del jueves, requerirá un conjunto de habilidades políticas mucho más allá de las hasta ahora demostradas por Donald Trump.

Trump llega a la convención con la presión de mostrar más disciplina, seriedad y sobriedad en su campaña, mientras una nueva encuesta de CNN/ORC muestra que está 5 puntos por detrás de la demócrata Hillary Clinton. La convención es una oportunidad única para que Trump demuestre que puede dejar a un lado su propio ego, y que entiende las aspiraciones y los temores de una nación incómoda en un mundo aparentemente fuera de control y que tiene el temperamento para ser comandante en jefe.

La sensación de ansiedad pública fue alimentada de nuevo el domingo, con un nuevo tiroteo en Baton Rouge, Louisiana, en el que tras una aparente emboscada, un exmarine mató a tres policías.

Para la mayoría de los candidatos, las convenciones de los partidos sirven como una presentación a los votantes que decidirán las elecciones generales de noviembre.

Pero el mediático Trump, con parte de su vida en los tabloides y una cuenta de Twitter hiperactiva, no necesita presentación.

Aún así, en su intento de ampliar su atractivo nacional, el personaje público de Trump podría moldearse un poco, ya que su personalidad de línea dura es la principal amenaza para atraer a los votantes más moderados.

La pregunta ahora es si Trump tiene la capacidad y la disciplina para recalcar el mensaje que los funcionarios del partido han esbozado antes de la convención: que el partido republicano representa el cambio.

Entonces, ¿cómo puede Trump suavizar su imagen pública y tranquilizar a las personas que aún no lo ven como un presidente potencial?

La familia de Trump jugará un papel clave en sus discursos a la convención. Su hija Ivanka y sus hijos Eric y Donald Jr. serán especialmente importantes en la construcción de una imagen más simpática de un hombre que la campaña de Clinton está retratando como demasiado temperamental como para sentarse en la Oficina Oval.

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