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Durante más de dos meses, los ciudadanos de Pyongyang se han estado levantando antes y yéndose a dormir más tarde para maximizar la productividad durante la “batalla de 70 días”.

Se trata de un llamado del líder Kim Jong Un para preparar la reunión política más importante en el país en tres décadas.

El 7º Congreso del Partido de los Trabajadores inicia este viernes. La última vez que se celebró, en 1980, Kim Il Sung, fundador y entonces presidente de Corea del Norte, elevó a su hijo Kim Jong Il a número 2 en el partido, consolidando su posición como sucesor.

En esta ocasión, se especula que el actual líder supremo, que se cree está en sus 30 años, podría alejarse de la ideología de su padre de lo “militar primero” y reforzar su propio credo de desarrollo nuclear y económico simultáneo.

Un Hyon Mi, que trabaja como guía en el Arco del Triunfo en Pyongyang, dijo que no tuvo ni un solo día de descanso en los 70 días previos al Congreso.  Y ella está encantada, dijo.

“Nosotros, el pueblo coreano creemos que nuestro líder Kim Jong Un es como nuestro padre o nuestra madre. Confiamos en él y hacemos todo lo posible para la construcción de un país próspero”, dijo Hyon.

Preocupaciones nucleares

También es probable que Kim anuncie en el Congreso la continuación del programa de armas nucleares de Corea del Norte. Es una de las principales razones por las que muchos funcionarios del gobierno de Corea del Sur y Estados Unidos creen que una quinta prueba nuclear podría ser inminente -ya sea antes o durante la reunión-.

Corea del Norte dijo haber probado con éxito en enero una bomba de hidrógeno y un mes más tarde realizó el lanzamiento de un satélite que llevó a los Estados Unidos y sus aliados a impulsar una nueva ronda de sanciones destinados a frenar los programas nucleares y de misiles del régimen norcoreano.

En las últimas semanas, Corea del Norte ha tratado de lanzar dos misiles de rango medio, aunque se cree que ambos intentos han fallado. El gobierno también promociona el lanzamiento de un misil desde un submarino.

Ojos del mundo

Cientos de periodistas internacionales están acreditados para cubrir el próximo Congreso, un número mayor del que por lo general está invitado a eventos importantes en esta aislada nación.

Como en cualquier viaje de trabajo a Corea del Norte los periodistas están bajo la supervisión constante de acompañantes del gobierno y no pueden viajar libremente.  En las calles puede verse a la gente colgando banderas, limpiando aceras y plantando flores.

Poco después de asumir el poder, Kim Jong Un se comprometió a mejorar el nivel de vida de los norcoreanos. Desde entonces, ha supervisado la construcción de una larga lista de servicios públicos, incluyendo un parque acuático, un centro ecuestre, y un opulento hospital pediátrico.

Los críticos del gobierno han afirmado durante mucho tiempo estos lujos están reservados solo para algunos privilegiados, personas confiables para el régimen.

No parece ser el caso en las partes de Pyongyang que se nos permitió ver. El horizonte de la ciudad estaba sorprendentemente bien iluminado por la noche. La gente tenía teléfonos inteligentes y televisores de pantalla plana.

En una nueva tienda departamental en Pyongyang me encontré con una profesora de escuela primaria llamada Kim Song Rim, que estaba vestida con moderna ropa colorida, probablemente importada de China.

Le pregunté si todo el mundo en Corea del Norte vivía de la misma la forma.

“Sí, solo tiene que mirar a su alrededor,” dijo. “Todos somos iguales aquí”.

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