Danilo Medina

Santo Domingo. El presidente Danilo Medina, quien jura hoy por un segundo mandato de cuatro años otorgado por la mayoría de los ciudadanos el 15 de mayo -el 62% de los electores-, tiene el mayor desafío de su carrera y, al mismo tiempo, una oportunidad de oro para pasar a la historia como un gran Presidente.

En el período de gobierno que inicia, el presidente Medina está obligado a desarrollar acciones, conjuntamente con un equipo de hombres y mujeres de confianza y elevados niveles de profesionalidad, con prioridades bien definidas que permitan, al cumplir el cuatrienio (con los que sumaría 8 años), presentar soluciones a problemas fundamentales, que la gente ha esperado por decenas de años.

El electorado valoró –en las elecciones pasadas- su obra, su estilo de gobernar -diferente al de su antecesor Leonel Fernández-, los procesos encaminados a resolver problemas fundamentales, pero es evidente que ese voto de confianza representa un desafío para un Presidente que ha creado tantas expectativas y que no debe fallar si aspira a un buen lugar en la historia dominicana.

La expresión de respaldo a favor de Medina representa que al concluir su segundo mandato no tendrá excusas, porque ocho años sí son suficientes, y debe presentar soluciones a problemas como la educación, la salud, generación de empleos, energía eléctrica, transporte, mantener la estabilidad económica y dejar avanzados otros como la inseguridad y la corrupción.

Hasta los sectores adversos reconocen que el gobierno da pasos hacia una educación inclusiva y de calidad –le dedica el 4% del Producto Interno Bruto-, estabilidad económica, generación de empleos y que hay una decisión de resolver el problema energético, pero se necesita un mayor esfuerzo para dotar al pueblo de salud de calidad, de un buen sistema de transporte, devolver la seguridad y combatir la corrupción, entre otros.

Los dominicanos esperan un Presidente decidido a todo, sin importar los intereses que tenga que enfrentar, dentro y fuera, y que en las próximas horas presente un equipo de gobierno todos estrellas, no importa que tenga que buscar refuerzos más allá del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) y sus aliados, para aplicar el programa que ha definido, para que al final de su mandato pueda exhibir resultados; de lo contrario pasará a la historia como un gobernante más.

En sus primeros cuatro años, Medina gobernó con un equipo entre los que se destacan Gustavo Montalvo, José Ramón Peralta, Gonzalo Castillo, Simón Lizardo Mézquita, José del Castillo S., Andrés Navarro, Carlos Amarante Baret, Ángel Estévez, Roberto Rodríguez Marchena, Altagracia Guzmán Marcelino, Francisco Javier García, Francisco Domínguez Brito, Carlos Pared Pérez, entre otros, que en su mayoría deberán ser parte del equipo que lo acompañe en su tramo de gobierno más difícil.

Además, que nadie se sorprenda si el Presidente le da más protagonismo a hombres como el empresario José Miguel González Cuadra -que ha desarrollado un papel muy importante en el proyecto La Barquita-, como Donald Guerrero, quizás el de más confianza de su entorno, quien no necesita de permisos para abrir puertas en ninguna de sus oficinas, o como el jurista y expresidente de la Suprema Corte de Justicia, Jorge Subero Isa.

El presidente Medina debe tener claro que en el 2020, a la hora de la retirada –a menos que la ambición rompa el saco- los resultados de sus acciones son los que deben hablar: educación universal y de calidad, un verdadero sistema de salud, un país sin apagones, un buen sistema de transporte, entorno seguro, etc., y que a partir de ahí se mencione a la República Dominicana como una nación diferente. Ese sería su legado.

Esta es la oportunidad del presidente Medina -si se toma en cuenta que constitucionalmente no podrá buscar otra reelección, y que su aspiración debe ser un legado para las nuevas generaciones-, para concentrarse en gobernar bien y solucionar los principales problemas del país, sin dejarse arropar por los intereses particulares.

El Presidente tiene una cita con la historia, y este martes debe salir del Salón de la Asamblea a gobernar para todos, con pulso firme, a tirar piedras para atrás si es necesario, y exigir a cada funcionario metas claras, para que los problemas que no pueda solucionar queden en proceso; y nos atrevemos a afirmar que si resuelve por lo menos tres de los problemas fundamentales pasará a la historia como un buen Presidente, quedaría como líder del país y su partido, y decidirá quién será su sucesor.

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