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Hay una nueva esperanza para los posibles receptores de trasplantes que están infectados con el virus del VIH. Los doctores en Johns Hopkins anunciaron el miércoles que ellos realizaron exitosamente el primer trasplante de hígado de un donante VIH positivo y el primer trasplante de riñón en Estados Unidos del mismo donante. Las cirugías se llevaron a cabo hace un par de semanas.

Los receptores, cuyos nombres seguirán siendo anónimos, también son VIH positivos. El paciente que recibió el riñón donado ha estado viviendo con VIH durante más de 30 años, sufre de hipertensión, problemas autoinmunes y ha estado en procesos de diálisis. Ese paciente había estado en la lista de donación de órganos durante años, dijeron los doctores.

La persona que recibió el hígado sufría de hepatitis C y ha estado viviendo con VIH durante más de 25 años. La hepatitis C ocasionó daños significativos en el hígado del paciente, y ese paciente también había esperado en la lista de donación durante años.

Ambos pacientes ahora se encuentran bien. El receptor del riñón ya está en casa, y los médicos esperan dar da alta a la persona que recibió el hígado en unos cuantos días.

Hasta 2013, los estadounidenses con VIH no eran elegibles para donar un órgano que pudiera salvar una vida. Las personas con VIH sí recibían órganos de pacientes que no estaban infectados, pero los doctores estaban desechando órganos viables porque provenían de alguien infectado con VIH.

La Ley de Equidad de Órganos y VIH (HOPE Act), cambió todo eso. Los médicos en Johns Hopkins habían trabajado con agencias a fin de animar al Congreso para que cambiara la ley existente. Una vez la ley fue aprobada, esta le permitió a las agencias que supervisan las donaciones de órganos que cambiaran la política nacional.

Los estudios de donaciones de órganos en Sudáfrica demostraron que el índice de éxito de los trasplantes entre pacientes infectados con el VIH era casi igual al índice de éxito para las personas que no estaban infectadas con el virus. Sin embargo, un par de estudios que fueron publicados en The New England Journal of Medicine efectivamente mostraron que cuando se trataba de trasplantes de riñones, el índice de rechazo al órgano era tres veces más alto entre los pacientes que eran VIH positivos. Aunque no está claro exactamente qué ocasionó el problema, ese estudio concluyó que el trasplante de riñones entre pacientes infectados con el VIH que fueran “seleccionados cuidadosamente” era una opción viable. Sugirió que habría índices similares de éxito con pacientes VIH positivos como en los trasplantes en pacientes de alto riesgo que no padecían de la infección.

Debido a que había pacientes con VIH en el grupo de donantes,un estudio de 2011 predijo que podría haber hasta 500 a 600 donantes de órganos adicionales al año en el sistema, lo que le daría a los pacientes alrededor de 1.000 órganos adicionales. Debido a que más de 122.000 personas están en la lista de espera por órganos, y algunos de ellos tienen VIH, esto significa que las personas tendrán muchas más probabilidades de sobrevivir con sus órganos dañados en fase terminal.

Actualmente, solo una de cuatro personas obtiene un órgano donado. Las personas con infecciones de VIH que necesitan trasplantes son particularmente vulnerables, ya que ellas “mueren en la lista de espera incluso más rápido que sus homólogos que no están infectados con el VIH”, según la Dra. Dorry Sevev, profesora adjunta de cirugía en la Facultad de Medicina de la Universidad de Johns Hopkins que trabajó en este caso.

En los dos años que han pasado desde que la ley “HOPE Act” fue aprobada, los Institutos Nacionales de Salud trabajaron con expertos a fin de desarrollar los criterios y garantías que los médicos necesitarían para decidir cómo debería funcionar este procedimiento, debido a que aún hay una investigación científica limitada.

“Es un privilegio ser parte de este esfuerzo”, dijo la Dra. Christine Durand. La profesora adjunta de medicina, quien ayudó a trabajar en este trasplante, añadió que ella estaba emocionada y esperaba con ansias poder ampliar esta opción para “otros pacientes con VIH que tengan la necesidad”.

Segev dijo que Johns Hopkins enseñará los protocolos que utilizó con este procedimiento exitoso a otros centros de trasplantes en todo el país. El equipo también está investigando las opciones para hacer donaciones de órganos en vida.

La donante en este caso estaba fallecida. Aunque su familia prefirió que ella también permaneciera en el anonimato, Johns Hopkins leyó una carta de su familia que decía que ella siempre luchó por el desvalido y habría estado feliz de vivir en “las almas de tantas personas” que pudieron sobrevivir debido a la donación de sus órganos.

Actualmente, 100.419 personas están en la lista de espera de EE.UU. para recibir un riñón, y 14.753 personas necesitan un trasplante de hígado, según United Network for Organ Sharing.

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Esta no es la primera vez que Johns Hopkins ha hecho historia. En 2003, el Comprehensive Transplant Center del hospital realizó lo que se cree, fue el primer trasplante “dominó” de tres vías en el mundo. En un procedimiento de este tipo, un donante que esté dispuesto a darle un riñón a cualquier persona que lo necesite ocasiona un efecto dominó que hace que más trasplantes sean posibles.

“En este caso, el acto de un donante altruista permitió que se llevaran a cabo tres trasplantes, donde ninguno habría sido posible, y los tres receptores recibieron el riñón más compatible de alguien a quien no conocían”, dijo el Dr. Robert A. Montgomery, el cirujano principal en el caso de 2003.

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