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Donald Trump asumió como presidente de Estados Unidos con un discurso de tono populista, breve pero muy duro con la clase política que lo rodeaba en la fachada oeste del Capitolio de Washington DC asistiendo a su toma de posesión, mientras el nuevo mandatario apelaba al ciudadano “olvidado”, ese que considera que le permitió llegar a la Casa Blanca.

“No estamos transfiriendo el poder de una administración a otra, o de un partido a otros, sino que estamos transfiriendo el poder de Washington DC y dándoselo a ustedes, el pueblo estadounidense”, dijo Trump, en una alocución de unos 20 minutos que resumió los mensajes que dio a lo largo de su campaña electoral.

Al principio, el discurso parecía que discurriría por las vías tradicionales de llamados a la unidad que suelen hacer los nuevos mandatarios, cuando el flamante presidente dió las gracias al mundo y hasta al presidente saliente Barack Obama y su esposa Michelle, pero rápidamente Trump retomó el estilo y los temas de sus eventos electorales.

A partir de allí, el republicano empezó a cuestionar a la misma clase política que le estaba rodeando en ese momento calificándola como “pequeño grupo” que se ha beneficiado del gobierno “a costa del pueblo”.

De hecho, el presidente se distanció de ese establishment del que ahora se supone que forma parte como jefe de Estado y a lo largo de su discurso quizo identificarse siempre con esa pluralidad de ciudadanos “excluídos” por la acción de la clase política, algo que presagia desde ya que su estilo de outsider seguirá incluso desde la Casa Blanca.

“Nosotros” versus “ellos”

“Washington prosperó, pero el pueblo no compartió esa riqueza. Los políticos prosperaron, pero el pueblo perdió sus trabajos y las fábricas cerraron. El establishment se protegió pero no a los ciudadanos de nuestro país”.

“Sus victorias no han sido nuestras victorias”, dijo Trump incluyéndose en el grupo de esos “olvidados” a quienes estuvo dirigiéndose a la largo de su alocución.

“Lo que realmente importa no es qué partido controla el gobierno, sino si el gobierno es controlado por el pueblo”, dando a entender que su gestión no estará supeditada a intereses partidistas o ideológicos.

De hecho, en el mensaje no hubo alusiones a esos temas preciados para los conservadores tradicionales, como derecho a la vida o tamaño del Estado, sino esa apelación general al poder popular contra elestablishment.

“Estados Unidos primero”

Trump insistió en remarcar la supuesta “pérdida” de la economía estadounidense a manos de otros países que no nombró, aunque China y México siempre estuvieron entre los malos de esa película que proyectaba a sus seguidores en sus actos de campaña.

“Hemos hecho ricos a otros países mientras la riqueza, fuerza y confianza de nuestro país ha desaparecido en el horizonte”, dijo tras asegurar que EEUU ha enriquecido a la industria extranjera y subsidiado la defensa de otras naciones descuidando las propias fronteras.

El compendio de quejas que expresó Trump parece más propia de un político de alguna nación subdesarrollada que del jefe de la primera potencia mundial, un poder hegemónico al que muchos líderes extranjeros achacan precisamente los males de sus países.

“Desde ahora una nueva visión gobernará nuestra tierra. Será Estados Unidos primero, Estados Unidos primero”, dijo al prometer políticas que beneficien primero a los trabajadores estadounidenses.

En su mensaje Trump pareció empezar a desmontar la doctrina diplomática del presidente Obama al prometer que “el Islam radical será erradicado de la faz de la Tierra”, pero aseguró que no tiene planes de imponer “nuestro estilo de vida a otros”, lo que puede significar menos disposición a embarcarse en aventuras militares en el extranjero.

“Cuando abras tu corazón al patriotismo no hay espacio para los prejuicios”, expresó al pedir que nadie tenga miedo de expresar su opinión. Dándole un matiz nacionalista a sus palabras.

¿Nuevo protocolo?

Trump había empezado sus palabras agradeciendo a “los pueblos del mundo” y al presidente Barack Obama.

Fiel a su estilo, el discurso inaugural de Donald Trump como presidente de Estados Unidos fue un misterio, hasta que empezó a presentarlo desde la escalinata oeste del Capitolio de Washington.

Generalmente los presidentes entregan extractos de los textos a la prensa poco antes de la presentación, pero en este caso no se cumplió la costumbre.

Poco antes de dirigirse a la nación, el presidente del Tribunal Supremo de Justicia, John Roberts, tomó el juramento a Trump, quien se convirtió en el presidente 45 del país. Previamente Mike Pence se había juramentado como el vicepresidente 48 de la nación.

Trump llegó al Capitolio compartiendo la limusina presidencial con el presidente saliente Barack Obama, con quien se había tomado un ceremonial té en la Casa Blanca.

Los Clinton presentes

Entre quienes escucharon el discurso de Trump en primera fila estaba su rival por la presidencia, la ex primera dama Hillary Clinton, quien fue muy aplaudida cuando llegó al podio acompañada de su esposo, el expresidente Bill Clinton.

Los Clinton estaban junto al expresidente George W. Bush y su esposa Laura, y el expresidente Jimmy Carter. El padre de Bush, George H.W. y su esposa Barbara no asistieron por estar hospitalizados en Houston, Texas, desde hace dos días.

El clima de los próximos cuatro años puede estar reflejado en cómo desde temprano en la mañana se fueron concentrando en los alrededores del Mall de Washington simpatizantes y detractores del nuevo gobierno.

Las manifestaciones en las calles han sido más nutridas que en ocasiones anteriores y en algunos puntos de la ciudad superaban a los simpatizantes del nuevo gobierno que se dirigían hacia el Mall.

Pero incluso dentro de la zona de seguridad, a lo largo de la Avenida Pennsylvania, cientos se habían apostado desde temprano para mostrar sus pancartas con mensajes de rechazo a Trump, quien pasaría por esa ruta rumbo a la Casa Blanca una vez juramentado presidente.

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