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Al recibir en el Despacho Oval al gobernador de Puerto Rico, Ricardo Rosselló, el presidente Donald Trump se dio este jueves “un diez” en su respuesta a la catástrofe desatada por el huracán “María” en la isla, y ambos reconocieron que una de las prioridades ahora es restablecer el tendido eléctrico.

En declaraciones al pequeño grupo de periodistas que pudo entrar al Despacho Oval durante media hora, Trump nuevamente elogió los esfuerzos de su Administración ante la magnitud de los daños a la infraestructura, que entorpecieron la distribución de ayuda.

Preguntado sobre qué calificación se daría en una escala del uno al diez, Trump no titubeó: “yo diría que un diez”, tomando en cuenta que, a su juicio, el desastre “fue peor que (el huracán) Katrina” en 2005 en Louisiana.

“En muchas formas fue peor que lo que la gente jamás haya visto”, dijo Trump, al destacar también la “tremenda cooperación del gobernador”.

En ese sentido, las declaraciones tras el encuentro privado fueron un ramillete de elogios mutuos por la gestión a la crisis humanitaria después de que el huracán tocó tierra en isla el pasado 20 de septiembre.

Pide un trato equitativo

Rosselló elogió la ayuda de Trump y agradeció la oportunidad de reunirse con él y miembros de su Gabinete para trazar “el compromiso de tratar a los ciudadanos de Puerto Rico, los orgullos ciudadanos estadounidenses de Puerto Rico”.

El gobernador señaló que aún queda mucho trabajo por hacer para estabilizar y reconstruir Puerto Rico y que sea “más fuerte”, con la ayuda de EEUU y siempre que los ciudadanos estadounidenses reciban “recursos adecuados”.

“Que nos traten igual que los ciudadanos en Texas, en Florida, y en otras partes”, dijo Rosselló.

Ambos coincidieron en que una de las prioridad máximas en estos momentos es restablecer el tendido eléctrico en Puerto Rico, donde buena parte de la población sigue a oscuras.

Según Rosselló, la urgencia es “restaurar la energía”, atender a los 250,000 hogares que están “devastados”, arreglar los más de 500 postes de transmisión eléctrica derribados, agilizar los servicios de telecomunicaciones, que apenas funcionan en un 25%, y “evitar una emergencia de salud pública”.

Trump reiteró la advertencia de que, si bien EEUU apoya los esfuerzos de reconstrucción, Rosselló “entiende que estas personas no pueden estar allí para siempre”.

Esas mismas declaraciones generaron duras críticas en semanas anteriores dentro y fuera de Puerto Rico, porque fueron interpretadas como un gesto de desdén hacia los damnificados.

“Queda mucho por hacer”

Siempre preocupado por su imagen pública, Trump le pidió directamente a Rosselló que calificara su respuesta al desastre del huracán,  pero el gobernador evadió una calificación numérica y afirmó que EEUU ha atendido “todas las peticiones” para la recuperación de la isla.

“Usted respondió inmediatamente… la respuesta está allí. ¿Necesitamos hacer mucho más? Desde luego que sí, y creo que todos acá reconocen que queda mucho por hacer en Puerto Rico”, dijo.

Aún con los “obstáculos” y “limitaciones logísticas” en Puerto Rico por el cierre de puertos y aeropuertos, EEUU logró desplegar a cerca de 15,000 miembros del Pentágono, 2,000 de FEMA, y asesores de otras agencias federales, precisó Rosselló.

Trump evadió opinar sobre si Puerto Rico debería convertirse en otro estado de EEUU, y prefirió dejar esa pregunta “para otra ocasión”.

En la reunión con Rosselló también participaron el vicepresidente, Mike Pence, el director de la Administración Federal para la Gestión de Emergencias (FEMA), Brock Long, y el director de la Oficina de Gestión y Presupuesto de la Casa Blanca (OMB), Mick Mulvaney, entre otros.

Frustración con lenta recuperación

Horas antes, en una reunión privada con el senador republicano por Florida, Marco Rubio, Rosselló también expresó frustración con la lenta marcha de la recuperación, y tenía previsto reunirse con otros congresistas de ambos partidos en busca de más ayuda.

“En esta emergencia, las cosas pueden parecer que se están estabilizando en un punto, pero siempre hay problemas futuros, como emergencias en salud pública y otras”, dijo Rosselló, acompañado por el director de la Administración de Asuntos Federales de Puerto Rico (PRFAA) en Washington, Carlos Mercader.

Rubio se quejó de que el paquete de ayuda para Puerto Rico, Texas y Florida no está estructurado debidamente, y en el caso de la isla, es insuficiente para corregir el problema de liquidez y continuar las operaciones del gobierno sin interrupciones.

Para Rubio,  el problema de liquidez no puede esperar “seis u ocho semanas” porque la economía no está generando ingresos tributarios y, con el paso del tiempo, se pierde el sentido de urgencia.

Por ello, Rubio indicó que está trabajando con el líder de la minoría demócrata en el Senado, Chuck Schumer, y con los senadores republicanos de Texas, Ted Cruz y John Cornyn, para reestructurar el paquete de ayuda de $36,500 millones que aprobó la Cámara de Representantes la semana pasada y que aguarda votación en el Senado.

“Puerto Rico no tiene otro mes y medio para resolver los asuntos de liquidez que afronta”, advirtió Rubio.

El paquete de ayuda pendiente en el Senado sólo incluye $4,900 millones en préstamos para Puerto Rico, lo que ha sido criticado por diversos líderes demócratas y activistas de la comunidad boricua.

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