Refugio fronterizo recibe 500 familias por semana. Temen repunte de oleada migratoria a medida que suben las temperaturas

En el Centro de Apoyo Humanitario de la Iglesia del Sagrado Corazón, en McAllen, Texas,ni un solo día de los que va de 2015 han dejado de llegar familias centroamericanas que buscan refugio en Estados Unidos y, conforme se ha ido quitando el frío del invierno, la cantidad va en aumento.

De unos 70 por semana a principios de enero pasó a un promedio de 200 personas en febrero y actualmente la cifra va en los 500.

“Y seguirán viniendo”, explica  la religiosa Norma Pimentel, directora de Caridades Católicas del Valle de Río Grande, quien este mes planteó ante las Naciones Unidas  (ONU) la situación que viven en EEUU los centroamericanos que vienen huyendo de la violencia en sus países.

“Son personas a las que ICE liberó por situaciones especiales, como un embarazo… o porque ya no cabían en sus centros de detención”, agrega Pimentel.

Para este año se proyecta que llegue la segunda ola de migrantes centroamericanos a EEUU y que muchos crucen de nuevo por el valle de Río Grande, de acuerdo a un estudio de la Oficina para Asuntos de Latinoamérica en Washington.

“La gente nos ha estado diciendo que esperan que los números se incrementen a partir de partir de mayo”, dice Pimentel. “No como el año pasado, pero definitivamente seguirán viniendo”.

Brenda Rojas, portavoz de la Iglesia del Sagrado Corazón, en McAllen, explica que quienes están llegando ahora no son menores no acompañados como ocurrió el año pasado, sino madres que vienen con sus hijos.

La organización Caridades Católicas en Valle de Río Grande ha empezado a buscar donaciones y voluntarios para que sus refugios estén preparado para recibir a los refugiados cuando las temperaturas empiecen ser más propicias para la travesía desde centroamérica hasta la frontera.

En particular está buscando médicos que vivan en el área de Río Grande dispuestos donar algunas horas de servicio, y voluntarios que puedan trabajar de noche limpiando los baños o acondicionando el centro para recibir a las familias inmigrantes al día siguiente.

En el centro los refugiados reciben comida y ropa limpia. También se les provee un teléfono para que se puedan comunicar con sus familiares en Estados Unidos.

“El año pasado no imaginábamos lo que pasaría, ahora estaremos mejor preparados”, sostiene Rojas.

El Gobierno se prepara

Aunque en las últimas semanas el tema de los menores refugiados y sus madres ha estado fuera de la atención de los medios de comunicación tras la crisis humanitaria declarada el verano del año pasado, más de mil mujeres y niños se encuentran detenidos en Karnes City y Dilley, Texas, el nuevo epicentro para la detención de familias.

Combinados, los centros de detención en estas dos ciudades tienen la capacidad para 2,900 personas. Por lo menos 20 familias han estado encarceladas durante más de seis meses y cientos han sido deportados desde agosto.

El pasado 3 de marzo, el Congreso destinó más de $362 millones al Departamento de Seguridad Nacional (DHS), incluyendo cientos de millones de dólares para expandir los centros de detención a través del país.

Las autoridades de Inmigración han indicado que esperan poder albergar en Dilley a unos 2,400 migrantes para mediados de este año.

La semana pasada, Pimentel junto con un grupo de líderes religiosos de todo EEUU realizó un recorrido por el centro de detención Dilley, inaugurado en diciembre pasado donde actualmente hay unas 400 personas.

“Es triste ver a las mamás detenidas con sus hijos desde que abrieron el centro, hace tres meses, y aún siguen ahí. Les están poniendo fianzas altísimas, es muy difícil que las puedan pagar. Los niños están deprimidos, aunque los centros (de detención) están muy bien equipados con aulas para educación, con médicos y muy bien organizados, no deja de ser una prisión, es un lugar muy inhumano”, dijo Pimentel.

Tras la visita a Dilley, uno de los tres centros de detención para familias de ICE, unos 70 líderes religiosos incluyendo luteranos, católicos, y rabinos enviaron una carta al Presidente Obama pidiéndole que ponga fin a la política de detención de familias por considerar que es inapropiado e injusto mantenerlas en cautiverio para desalentar a otros de venir a buscar refugio en EEUU, especialmente cuando se trata de mujeres y niños que huyen de la violencia y buscan seguridad en este país.

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