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En  su primera actividad oficial en la ciudad de Nueva York, el Papa Francisco no demoró en hablar de temas complicados, aunque no entró en muchos detalles. Uno de ellos fueron los abusos sexuales en la Iglesia Católica. “Sé que ustedes han recientemente sufrido mucho por la vergüenza de tantos hermanos que han herido y escandalizado a la Iglesia”, dijo el Santo Padre a los cientos de sacerdotes, religiosos y religiosas en la oración de las vísperas en la Catedral de San Patricio. “Los acompaño en este momento de dolor y dificultad, así como les agradezco”.

Pero sus primeras palabras fueron para los musulmanes a los que saludó en las fiestas que están viviendo y lamentó el desastre que costó la vida de al menos 717 personas en La Meca. “En este momento de oración me uno y nos unimos en la plegaria a Dios como padre todopoderoso y misericordioso”, dijo el Papa Francisco.

El Papa llegó a las cercanías de San Patricio a las 6:30 p.m., se bajó del Fiat negro que ha utilizado en este viaje y se subió al papamóvil para avanzar por la Quinta avenida, donde fue recibido por cientos de fieles gritando e intentando sacarle fotos. Casi a las 6:45 p.m. llegó a la entrada de la catedral, donde fue saludado por el rector de esta iglesia, monseñor Robert Ritchie, quien le dijo “Bienvenido a aquí, tierra de inmigrantes”.

Luego, el Santo Padre fue saludado por el gobernador Andrew Cuomo, el senador Charles Schumery el alcalde Bill de Blasio, además del cardenal Timothy Dolan, que lo acompañó en el papamóvil.
Como parte de la ceremonia, que incluyó lecturas, oraciones y canciones, destacó el cantante de ópera puertorriqueño Jorge Ocasio, el que cantó himnos en inglés y español.

Pero lo que más sacó aplausos fue la referencia a las mujeres y religiosas católicas que el Santo Padre hizo en su homilía “Quisiera de modo especial expresar mi admiración y gratitud a las religiosas de los Estados Unidos“, dijo el pontífice. “¿Qué sería de la Iglesia sin ustedes, mujeres fuertes, luchadoras, con ese espíritu de coraje que las pone en primera línea de anuncio del evangelio. a ustedes, religiosas, hermanas y madres de este pueblo, quiero decirles gracias y decirles también que los quiero mucho”.
Santa espera valió la pena

De hábito celeste y azul, la hermana María del Redentor hizo este jueves algo poco común en su vida diaria: salió del Monasterio de la Preciosísima Sangre, en Brooklyn, para venir a la Catedral de San Patricio. Normalmente vive enclaustrada, pero la ocasión lo ameritaba: participar de una oración con el Papa y escuchar sus palabras. “Es una emoción ver al papa personalmente y poder rezar con él. Es una gran gracia. Que sea argentino tiene un gusto especial”, dijo la religiosa, compatriota del Pontífice y proveniente de San Rafael, en Mendoza.
Ella fue una de las alrededor de 2,200 personas que tuvieron que llegar con más de tres horas de anticipación a la iglesia en la Quinta avenida, y pasar a través de las exigentes medidas de seguridad del servicio secreto. Aunque también participaron laicos, la gran mayoría de los presentes fueron sacerdotes, religiosas y religiosos, y el énfasis de esta oración de vísperas estuvo puesto en ellos.

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(Juan Pablo Garnham/EDLP)

“La oración de la tarde, las vísperas, es la oración de toda la iglesia. Muchos laicos las rezan”, comentó el padre Luis Saldaña, del seminario St. Joseph, en Yonkers. “Pero también son parte de la tradición religiosa y monástica”.
Sin embargo no todos fueron religiosos en San Patricio el jueves por la tarde. Algunos laicos sí consiguieron entradas, normalmente regaladas por algún sacerdote local o una religiosa, como le sucedió a la peruana Cecilia Marchena. “Espero que esta oración nos traiga gozo en el espíritu, en el alma. Tan sólo verlo es algo muy grato. Esto para mi es algo milagroso. Nunca me esperé estar aquí. La energía de él llegará a mi familia y a todos”, comentó Marchena.

 

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(Fotos:EFE)

Otros lograron conseguir entradas, pero sólo para estar fuera de la catedral, donde, pasadas las altas rejas de seguridad instaladas por el Servicio Secreto, pudieron ver la llegada y la salida del Santo Padre. “Yo soy muy religiosa y es una bendición poder ver al Papa, aunque sea desde lejos pasando en su pequeño auto”, dijo Roseline Bello, una estudiante de 17 años. “Me gustaría que hablara de los problemas de la pobreza y de expandir la comunidad católica en el mundo. También me gustaría que hablara de los jóvenes y que tomáramos su ejemplo de humildad y entrega”.

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