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El primero de mayo se conmemora una de las efemérides más importantes en el calendario de la mayoría de países en América y otras partes del mundo: el Día del Trabajador en memoria de los Mártires de Chicago quienes consiguieron instituir la jornada laboral de ocho horas.

Cierto es que este derecho del que hoy goza la mayoría de estados democráticos ha sido hechura de un movimiento socialista que en el siglo XIX buscó incesantemente reivindicar la labor del obrero, del trabajador que en aquel entonces era explotado y obligado a laborar en sesiones extenuantes e interminables por un salario ínfimo, paupérrimo.

El origen

Se estableció gracias al Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional que ocurrió en París en 1889 y desde entonces poco a poco más países fueron plegándose a la conmemoración. Chicago legó al mundo la lucha de un grupo de anarcosindicalistas quienes mediante una huelga exigieron salir del yugo opresor de los empleadores y que se respeten las ocho horas para trabajar, ocho para dormir y ocho para estar con la familia.

Paradójico es que en los Estados Unidos, génesis de esta protesta que contagió conciencia social a otras latitudes, no se celebre este día así como Canadá y en reemplazo celebren el ‘Labor Day’ cada primer domingo de septiembre.

El movimiento obrero ya había germinado sus primeras ideas en los escritos invalorables de Karl Marx y de Friedrich Engels que habían basado sus tesis en el problema de los trabajadores y su situación en el período de la Revolución Industrial. Los resultados entonces estaban a la vista.
EL CASO PERUANO

En las primeras constituciones (1826, 1834, 1839, etc) no se contempla legislación laboral y es recién a partir del siglo XX que la presión de los primeros sindicatos (que se había formado con la creciente industrialización que se daba en el país, sobre todo en la zona costera) hacen que el tema sea materia de debate.

En 1911, una huelga general de trabajadores exige las ocho horas laborales como derecho pero no es sino hasta el 15 de enero de 1919 cuando se establece la jornada laboral mediante Decreto Supremo, después de años de lucha donde se aprobaron algunas leyes en favor de las mujeres y de los trabajadores industriales.

Es, en ese sentido, Augusto B. Leguía el encargado de decretar beneficios laborales, seguros y demás derechos a los trabajadores de forma masiva mediante modificaciones a la Constitución. El camino del trabajo digno había empezado en un Perú que también sufría una transformación cultural y social.

Situación actual

Conforme avanzó el siglo XX y con el advenimiento del siglo XXI, las leyes han ido modificándose así como los derechos laborales que benefician a trabajadores. Algunos que antes no eran reconocidos ahora son avalados por el Estado que en su rol fiscalizador debe hacer cumplir lo estipulado.

Y aunque el panorama dista mucho de la explotación o esclavitud a la que eran sometidas las personas en la época Colonial, por ejemplo, aún sigue habiendo otro tipo de dominación y colonización de empresas transnacionales y distintos tipos de organizaciones que no reconocen a cabalidad el derecho de sus empleados.

Esta situación se ha repetido en toda América y aún persisten los grupos, sindicatos, asociaciones, cooperativas y demás organizaciones que buscan reivindicar sus derechos en el Perú y en distintos países básicamente en busca de salarios justos y calidad de vida digna para los hombres.

Esa es la constante lucha que reivindica también una fecha como hoy, primero de mayo, donde se recuerda a los Mártires de Chicago y la responsabilidad que tiene la sociedad como parte del desarrollo económico con justicia social para todos y con visión de un país que sea cada vez más justo y equitativo.

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