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Apenas pasa un día sin noticias del progreso realizado en la guerra contra ISIS en Iraq y Siria. En los últimos meses, las fuerzas respaldadas por los estadounidenses han asegurado gran parte de la frontera sirio-turca, recuperaron Ramadi y contuvieron el flujo de combatientes y suministros hacia las ciudades capitales de Al-Raqqa y Mosul del grupo terrorista.

Sin embargo, el ímpetu no es lo mismo que ganar y Estados Unidos ha caído en una serie de trampas en Iraq y Siria… la más mortal de las cuales ha sido puesta por Al Qaeda.

Jabhat al-Nusra, filial siria de Al Qaeda, es más peligroso que ISIS… y mientras que los dos grupos comparten el objetivo común de establecer un califato global, están utilizando medios diferentes para lograrlo.

ISIS puede ser mejor en la generación de titulares, pero sus ataques –que captan titulares– contra ciudades clave iraquíes y sirias –por no mencionar sus despiadados ataques contra objetivos occidentales– han hecho que el grupo sea el enfoque de los esfuerzos militares estadounidenses en esos países.

Mientras tanto, Al Qaeda, de manera discreta ha estado jugando una jugada larga. El enfoque de Estados Unidos en otras partes ha sido directamente a favor del grupo, lo que le ha permitido al mismo explotar su tiempo fuera del foco de atención y establecer un retorno a la escena mundial una vez que ISIS sea derrotado.

Mientras que ISIS preside implacablemente el territorio que controla, Jabhat al-Nusra cultiva relaciones locales y construye capacidades que tiene intención de usar en contra de Estados Unidos en el futuro.

Jabhat al-Nusra es capaz y eficaz, y le proporciona apoyo a la oposición en contra del gobierno del presidente sirio Bashar al-Assad, en maneras en las que compensan las ventajas desproporcionadas del régimen en el campo de batalla.

Jabhat al-Nusra está aprovechando sus contribuciones del campo de batalla para crear relaciones con la sociedad civil, las poblaciones civiles y otros grupos de oposición sirios. Luego este manipula esas relaciones con el propósito de lograr el dominio. Además, este se dirige directamente a los grupos respaldados por Estados Unidos y los derrota cuando puede, con el fin de garantizar que las fuerzas moderadas no encuentren equilibrio en una nueva Siria.

Jabhat al-Nusra utilizará la legitimidad adquirida mediante la lucha junto a la oposición para transformar la sociedad siria hasta que acepte a Al Qaeda. El grupo está creando estructuras de gobierno, como tribunales y servicios sociales, y los está usando para transformar las opiniones religiosas de los grupos de oposición y poblaciones sirias.

El grupo ya gobierna partes de Siria con una forma de la ley religiosa similar a la que utiliza ISIS; las mujeres, tanto en Al-Raqqa –controlada por ISIS– como en Idlib –controlada por la oposición– están obligadas a llevar el burka. Mientras tanto, a través de los campos de entrenamiento militares y religiosos para los niños, el grupo adoctrina a una nueva generación de combatientes para librar una futura guerra contra Occidente.

Jabhat al-Nusra también es más adaptable que ISIS. De manera intencional, este no controla terreno; esto hace que sea difícil de alcanzar, ya que no puede ser atacado directamente sin destruir a los grupos de oposición sirios más moderados con quienes está arraigado. Además, este se ha guardado a sí mismo en contra de los levantamientos tribales mediante la priorización del apoyo local.

Estados Unidos no solamente ha fracasado en reconocer a Jabhat al-Nusra como una amenaza, sino que nuestras políticas en Siria inadvertidamente dirigen el apoyo y el reclutamiento para este grupo.

El consentimiento estadounidense hacia la campaña aérea de Rusia en Siria le permite a Siria dañar a los grupos de oposición viables que están enfrentando presión simultánea de parte de Jabhat al-Nusra e ISIS. Mientras tanto, Estados Unidos está apoyando un proceso diplomático que Rusia está manipulando claramente a favor del régimen. Rusia utiliza las negociaciones sobre el cese de las hostilidades para conducir a Estados unidos a aceptar que a los grupos de oposición sirios de corriente dominante se les designe como “terroristas” para que Assad pueda continuar teniéndolos como objetivo.

Estados Unidos todavía tiene aliados potenciales tanto contra Jabhat al-Nusra como contra ISIS. Pero el hecho de que Rusia tenga como objetivo a la oposición, impulsará a estos grupos directamente a manos de Al Qaeda, no porque deseen hacerlo así, sino porque no tienen a nadie a quién recurrir en busca de ayuda.

Los legisladores estadounidenses deben actuar de inmediato a fin de preservar los grupos de oposición que serán críticos para asegurar que Siria tenga un futuro que no sea un emirato islámico para Al Qaeda. A fin de hacer eso, debemos abandonar nuestra fijación en ISIS y reconocer a Jabhat al-Nusra como la amenaza más grande.

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