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La descripción que Eduardo Balarezo hace de Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera no es nada alentadora.

‘El Chapo’, de 63 años, está mal, no está incapacitado, pero está perdiendo la memoria y está poniéndose paranoico. Repite mucho las cosas y se le olvida todo enseguida. A veces hablamos algo y a los 15 minutos se le ha olvidado”, le contó a El País el abogado del capo que fue extraditado a los Estados Unidos a principios de 2017. “Eso afecta a la manera de trabajar porque tenemos un cliente que no sabe decir si paso algo, cómo fue o cuándo pasó”.

Quien fuera el líder del Cártel de Sinaloa vive encerrado 23 horas al día, con la luz encendida, está más delgado y sus movimientos son los mismos: camina de lado a lado de su pequeña celda, se tumba en la cama, vuelve a caminar, afirma el defensor.

Además de ello, gran parte del tiempo tiene la mirada perdida, agrega Balarezo, quien afirma que se reúne con el mexicano tres o cuatro horas a la semana para preparse para el juicio, pero el tiempo es insuficiente, debido a que “El Chapo” no habla inglés ni sabe manejar una computadora.

A pesar de tal descripción, el abogado dice que Guzmán Loera, de 63 años de edad, es un hombre inteligente y que tiene buen humor, “a veces nos reímos”, afirma.

Balarezo contó que la defensa es complicada, debido a que tiene prohibido que “El Chapo” le diga a quién contactar para presentar pruebas y al poco tiempo que tienen. Aún esperan que el juicio se posponga hasta septiembre.

Reportes previos indicaron que “El Chapo” no puede ver la televisión, ya que no se había decidido qué tipo de programas puede ver y su pequeña celda que tiene una cama, una silla, una mesa, su retrete y lavabo.

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