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Justin Timberlake tuvo finalmente su revancha. En el contexto del Super Bowl, donde se jugó la final del fútbol americano en el Bank Stadium de Minneapolis entre los England Patriots y los Philadelphia Eagles, el exNSYNC buscó hacer borrón y cuenta nueva y emanciparse de su primer fatídico paso por el evento deportivo.

Recordemos que en el 2004, Timberlake realizó su performance junto a Janet Jackson y, sobre el final de la coreografía, le removió parte del atuendo a la artista, dejando uno de sus pechos al desnudo, hecho denominado como “nipplegate”. El escándalo generado tuvo una dimensión tan grande que a la cadena CBS se le ordenó pagar una multa de $550.000 dólares a la Comisión Federal de Comunicación. De hecho, ante la reaparición del músico este año en el mismo contexto, el Consejo Televisivo de Padres de Familia solicitó a través de una carta abierta que se respete la consigna de brindar un show estrictamente familiar. Y eso mismo hizo el artista de Memphis.

En su esperado comeback, el músico arrancó su show con “Filthy“, uno de los cuatro singles que ya presentó de su flamante álbum de estudio, Man of the Woods y, en consecuencia, se vistió con la temática campestre del álbum, con ropa diseñada por Stella McCartney. Posteriormente, interpretó el infalible hit “Rock Yoru Body“, con una coreografía visiblemente depurada en relación al espectáculo que brindó Lady Gaga el año pasado. Rodeado de un grupo de bailarines, el músico prosiguió su show con “Sexy Back“, otro de sus clásicos, como “Cry Me A River“, uno de los temas que lo cimentó como un potente solista.

El show cambió de tono cuando Timberlake volvió a uno de sus discos más subvalorados, The 20/20 Experience, donde con “Suit & Tie” y “Mirrors” puso ese toque soul del que carecen sus últimas canciones que apuntan a mostrar al artista en una etapa de celebración de lo bucólico, más country que pop, y con resultados disparejos.

Prince, centro de un homenaje sorpresa

Uno de los puntos más álgidos del show fue cuando se proyectó una imagen del artista fallecido el 21 de abril de 2016, interpretando “I Would Die 4 U“, mientras Timberlake acompañaba en el piano. Otro momento emotivo del tributo llegó luego cuando, a través de una toma área, se pudo ver el famoso símbolo del artista de “Purple Rain” cubriendo los alrededores del estadio. El propio Prince, oriundo de Minneapolis, había brindado uno de los shows más celebrados del Super Bowl, en el año.

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Lo púrpura dio paso al estallido multicolor cuando Timberlake decidió cerrar el show con la pegadiza “Can’t Stop The Feeling!“, la canción de la película Trolls por la cual fue nominado al Oscar, lo que se dice una elección cómoda pero a prueba de balas. En definitiva, se trató de un espectáculo sin demasiadas estridencias que empalideció en comparación a otros brindados por numerosos exponentes de la música en el mismo evento deportivo.

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