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Ha pasado casi un año desde que la cómica y actriz Kathy Griffin generara un gran revuelo en el seno de la opinión pública estadounidense -recibiendo duras críticas desde ambos lados del espectro político- por su decisión de escenificar su rechazo al recién investido presidente de Estados Unidos, Donald Trump, con una macabra foto que la retrataba sosteniendo lo que parecía la cabeza ensangrentada del magnate republicano.

En los meses inmediatamente posteriores a la polémica, muchos de sus amigos y compañeros de profesión, como el periodista Anderson Cooper y la actriz Debra Messingse distanciaron públicamente de la irreverente artista reconociendo que había ido demasiado lejos a la hora de ejercer su derecho a la libertad de expresión. Al mismo tiempo, la humorista fue despedida de aquellos programas de televisión en los que colaboraba y buena parte de los espectáculos que tenía programados fueron rápidamente cancelados por los responsables de los auditorios.

Sin embargo, y como ella misma acaba de confesar en una extensa entrevista a The Hollywood Reporter, los efectos más graves derivados de su transgresora sátira estaban aún por llegar, ya que los servicios secretos estadounidenses terminaron abriendo una investigación contra ella, de la que finalmente salió “completamente exonerada“, para determinar si de ese gesto podría derivarse un supuesto delito de incitación a la violencia.

De forma casi paralela, Kathy Griffin empezó a recibir amenazas de muerte que -pese a haberlas denunciado al FBI– no han dejado de sucederse a medida que han ido ganando intensidad y mayores niveles de sadismo.

Hay una pila [de amenazas] que pensamos que son las inofensivas, hay otra pila que consideramos cuestionable y luego está la tercera pila, de la que el FBI me dice que las meta todas en una bolsa aislante y se las envíe directamente para analizarlas. Esa es la vida que he llevado en estos últimos meses”, asegura la artista a la citada publicación para, a continuación, entrar a detallar el contenido de tales amenazas.

Sinceramente, no culpo a los dueños de aquellos teatros (que cancelaron mis actuaciones). Estamos hablando de teatros que normalmente representan ‘Mamma Mia’ o ‘Stomp’ y de repente empiezan a recibir llamadas en las que se les avisa de que me van a disparar en medio de la función, esa era una de las amenazas más habituales. Y la otra era la de que me iban a cortar la cabeza para metérmela por el cu**“, ha aseverado.

En otro extracto de la conversación, la todavía repudiada artista ha querido poner de relieve el sinfín de contradicciones que, a su juicio, se desprenden del implacable juicio al que se ha visto sometida por parte de los medios de comunicación, la opinión pública y sí, también de su propia industria profesional.

No he cometido ningún tipo de crimen, no he violado a nadie, no he agredido a nadie, ni siquiera me han detenido por conducir bajo los efectos del alcohol. Quiero decir, Dios mío, hay incluso celebridades que están sueltas después de haber matado gente“, ha sentenciado.

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