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RD. Sin centro de alto rendimiento, sin sicólogos, sin canchas o arenas especiales, sin estadios modelos, sin laboratorio de ciencia para el deporte, pero aun así, una lista de éxitos para pavonearse contra otras naciones que tienen esos recursos o estructuras.

Un ejemplo ayudará. Las selecciones de voleibol femenina y de baloncesto masculina han ido a mundiales en categorías absolutas y juveniles. Pero sus canchas de preparación están fuera de condiciones para una representación mundialista. Aun así, las hembras terminaron sexta y los varones 13 en sus respectivos mundiales, ambos en 2014.

Igual pasa con los gimnasios de deportes de combate. Caso taekwondo. Tiene un medallista de plata olímpico, medallas centroamericanas y panamericanas. Pero su gimnasio es lo más lejano a uno de alta competencia, pese a producir campeones. “Es para cuidarse, es un área afectada por el monóxido de carbono”, dice Gabriel Mercedes, plata olímpica en 2008, refiriéndose a esa contaminación que llega desde las avenidas que circundan el Centro Olímpico Juan Pablo Duarte.

“El pabellón no tiene área de descanso, no tiene área de hacer fuerza y hacer biometría”, dice Mercedes, conociendo que gimnasios de alto nivel se observan en más de 80 países.

Pero entonces, ¿qué hace al dominicano conquistar la cima?

El medallista de oro en boxeo de los Juegos Olímpicos de Pekín 2008, Félix Díaz, tiene una respuesta muy directa: “es algo fácil”, opina, para agregar lo que es necesario: “sacrificio, corazón y deseo de salir adelante ya que como sabrá la ayuda no es mucha”.

Rubel Salomón, medallista de oro en los Juegos Panamericanos de 2003 y campeón mundial de karate, retrata su casa de práctica: “nosotros (karate) practicamos en un patio, y aun así ha dado triunfos”, dice.

¿De qué forma? Por ejemplo, en los pasados Panamericanos de Toronto, “esos resultados salieron del corazón, no es por condiciones de las canchas, es por el competidor que dice ‘yo voy a defender mi nombre’. Después que uno está ahí, no quiere perder”.

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