Muerte de los 43-estudiantes-en-mexixo-raccoon-knows

Sentado frente a las plácidas playas de San Pedrito de Manzanillo, Roberto decidió que quería ser sicario. Tomó la decisión “mientras se drogaba con cristal” junto a su mejor amigo de la infancia que le propuso trabajar con “La Maña” de Guerreros Unidos por 15,000 pesos, dinero que en agosto de 2013 equivalía s unos 1,200 dólares mensuales.

“Como se me hizo mucho acepté”, confesó poco más de un año después, cuando fue interrogado por la fiscalía de Colima, su estado natal, al que había regresado tras la desaparición de los 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa en Iguala presuntamente por órdenes de su jefe “El Chucky”.

Su testimonio quedó asentado en el expediente del caso Iguala – un documento de 85 tomos y XIII Anexos con alrededor de 700 hojas cada uno-   que  hizo público la Procuraduría General de la República el pasado domingo con el anonimato de nombres de la mayoría de los actores cuyos nombres fueron borrados con marcador negro.

Roberto no es el nombre real del sicario pero el expediente de la PGR sí dejó íntegras las declaraciones en el que se asume como uno de los gatilleros de confianza de “El Chucky” el criminal a quien las autoridades guerrerenses señalaron como el responsable de dar la orden de “matar” a los estudiantes el 26 de septiembre de 2014.

Poco después, el sicario recibió órdenes de “echar aguas” al jefe para que pudiera salir por el poblado de Mezcala después del escándalo que acarreó policías y gendarmes a Iguala. “Se calentó la plaza”, dijo. “ Se llevaron a los normalistas a un lugar conocido como Cielo de Iguala”.

Cielo de Iguala y Pueblo Viejo eran los sitios donde Roberto y sus camaradas llevaban a matar a las víctimas, a esos que “no se alineaban”, que trabajaban con grupos contrarios o vendían droga para otras bandas.

Ese era su trabajo principal desde que llegó de Colima y le dieron un arma Cuerno de Chivo (AK47 y una nueve milímetros) y cuando le quedaba tiempo la hacía de narcomenudista con el equipo “que estaba bajo sus órdenes” o de cobrador de cuotas de protección a los mineros que laboraban en la zona de Iguala. “Le daba dinero el dinero al Chucky”.

Así se ganó la confianza y escaló de rango hasta que se atravesaron los estudiantes y él tuvo que escapar con una novia que se había hecho en la región y que le ayudaba a cobrar a los mineros; con una camioneta Silverado Blanca robada con placas de Morelos que le había regalado la organización y 4,500 dólares.

Roberto y su mujer llegaron a la capital de Colima con ganas de invertir el dinero en metanfetaminas y sobrevivir más tiempo y ahí los agarraron para tomar su declaración el 23 de octubre de 2014.

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