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Washington.- Ante aproximadamente 25,000 personas hacinadas este miércoles frente a la Basílica de la Inmaculada Concepción, el Papa Francisco proclamó santo al misionero español de California, Junípero Serra, en su primera misa de canonización en suelo estadounidense.

Desde el altar, hecho con manos hispanas, el Papa Francisco culminó el proceso de canonización de Serra, quien 27 años antes fue beatificado por el Papa Juan Pablo II, e instó a la comunidad de fe a no “anestesiar” sus corazones.

“No queremos que la resignación sea el motor de nuestras vidas…. (que) no se anestesie el corazón” y, en cambio, se profundice “la alegría del evangelio”, urgió Francisco, cuya imagen también se podía apreciar en una pantalla gigante.

El líder de los católicos elogió la obra y figura de Serra quien, a su juicio, “supo testimoniar la alegría del evangelio”, dejando su tierra y sus costumbres, y “se animó a abrir caminos”.

Al referirse implícitamente a la controversia en torno a la canonización de Sierra, el Papa dijo que el fraile franciscano supo defender “la dignidad de la comunidad nativa”, protegiéndola de los abusos a la que fue sometida.

Por otra parte, Francisco advirtió de las “seducciones engañosas” pero afirmó que éstas “no tienen la última palabra” en la vida de un cristiano, e hizo hincapié en un mensaje positivo de “seguir siempre adelante”.

Así el mensaje de inclusión, misericordia, compasión y esperanza fue el hilo conductor de sus pronunciamientos a lo largo de la jornada, que comenzó con un encuentro histórico con el presidente Barack Obama en la Casa Blanca.

Lágrimas y aplausos

La solemne misa, realizada principalmente en español – con  breves partes en latín, inglés en el dialecto indígena  chochenyo  y otros idiomas-,  se celebró al aire libre en el pórtico Este de la Basílica,  una de las iglesias católicas más grandes del mundo, en medio de extremas medidas de seguridad que colmaron la capacidad del personal para procesar a los 25,000 invitados.

Entre el público había delegaciones de California, Nueva York, Florida y otros  estados, así como líderes cívicos, religiosos, activistas comunitarios y ciudadanos de a pie de toda el área metropolitana de la capital estadounidense.

ceremonia papa francisco washington

La música del coro, las guitarras y los cantos religiosos dieron un respiro a los feligreses, que se abanicaban con hojas de papel o se protegían con sombreros.  Desde horas antes, tuvieron que pasar por detectores de metales y someter sus equipos a la inspección de equipos caninos.

La gente rompió en aplausos y vítores cuando el Papa entró a la Basílica en su papamóvil, haciendo un breve recorrido antes del inicio de la misa y  lanzando bendiciones con la mano. Más de uno se secó las lágrimas. También aplaudieron cuando el Papa proclamó santo a Serra.

“Para mí es muy emocionante esto, nunca pensé que vería tan cerca al Santo Padre, pero mi iglesia nos regaló boletos. Ver al primer Papa latinoamericano dar una misa en español en este país es mucha emoción. No todos tuvieron suerte de venir acá“, dijo Rosa Bravo, originaria de Puebla, México, y residente de Riverdale (Maryland).

A unos cuantos pasos,  Edwin Velázquez, un joven de 13 años nacido en EEUU de inmigrantes mexicanos, llegó a la Basílica por primera vez y dijo estar “muy impresionado” casi al punto de quedarse “sin palabras”, pero aseguró que atesorará el momento para contarlo algún día a sus nietos.

Por su parte,  Aida Morales, una la nicaragüense que logró obtener un boleto de su iglesia casi a último minuto,  aseguró que anoche no podía dormir pensando en el momento histórico.

“Como católica uno no puede perder esta oportunidad que no se va a repetir”, afirmó.

Responden a la controversia sobre Serra

A la canonización de Serra le persiguió la controversia , ya que algunos grupos nativoamericanos lo responsabilizan del exterminio de una cultura indígena a través de la represión, enfermedades o desnutrición. De hecho, una petición en línea contra su canonización, más simbólica que realista, según observadores, consiguió poco más de 10,000 firmas.

La controversia no ha pasado desapercibida por la Iglesia Católica, que la califica de crítica inmerecida. Ya en 1992, el Papa Juan Pablo II había emitido disculpas a la comunidad indígena de las Américas por el sufrimiento infligido por la Iglesia.

Serra vino a América durante el siglo 18, entonces conocida como la Nueva España, en una misión evangelizadora en lo que ahora es el estado de California, y para la Iglesia, la santidad de Serra debe entenderse en varios niveles.

“El Papa ha querido subrayar que si bien los Estados y los sistemas políticos tienen fronteras y estructuras, la Iglesia no las puede tener, y quiere recordarnos a todos, creyentes o no, que debemos tender puentes más allá de las ideologías políticas”, dijo a este diario el padre José Alberto  Medel Ortega, de la archidiócesis de la Ciudad de México.

“No podemos hoy entender  la historia de California, e incluso de las grandes ciudades y más prósperas de EEUU existen gracias a la labor evangelizadora de un personaje como Junípero Serra. Creo que las críticas ayudan a profundizar en la historia. Todo personaje histórico tiene partidarios y detractores”, afirmó.

“Pero la Iglesia no tiene dudas en lo que está haciendo. Se trata de una persona santa a la que no se le podría calificar, de ninguna manera, de una especie de genocida o no de qué otros calificativos”, enfatizó Medel Ortega.

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