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El presidente Donald Trump visitará Israel en medio de dos controversias clave en su administración.

La primera es la relacionada con la información clasificada sobre terrorismo que el mandatario le compartió a Sergei Lavrov, ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, y a Sergei Kislyak, el Embajador de esa nación en Washington, durante su visita a la Casa Blanca.

Aunque funcionarios de Israel afirmaron a The Washington Post que los lazos de cooperación sobre temas de seguridad con los Estados Unidos siguien siendo fuertes, personal de agencias de inteligencia de la nación de Medio Oriente expresaron su preocupación sobre la forma en que datos recabados por ellos fueron compartidos por el presidente Trump.

Incluso personal de la Casa Blanca reconoce que fue un movimiento políticamente incorrecto: “No me pregunten cómo se ve esto, todos sabemos cómo se ve esto”, le dijo un empleado de alto nivel a The Daily Beast, quien habló bajo la condición de mantener el anonimato.

El otro asunto que el presidente Trump deberá enfrentar es la tensión por los esfuerzos de lograr la paz entre Israel y Palestina, un plan que públicamente aplaude el primer ministro Benjamin Netayahu, pero que en privado critica, por la forma en que el mandatario estadounidense se ha referido al asunto, al llamarlo el “trato del siglo”, siendo un problema que es más complicado de lo que parece.

También en Israel expresan decepción a la promesa de campaña de Trump de cambiar la Embajada de EEUU de Tel Aviv a Jerusalén, ya que ese acto podría agudizar la violencia árabe y terminar con cualquier posible acuerdo de paz sobre la mesa.

Durante su reunión con el presidente de Palestina, Mahmoud Abba, el mandatario de EEUU externó nuevamente sus intenciones de lograr un acuerdo de paz.

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