A Fernando de Jesús Díaz Beato, de 26 años, le encantaba sentarse en el comedor de su casa sobre una silla de madera a descansar. Y, precisamente así fue como su familia decidió velarlo ayer en la Funeraria Marín en Río Piedras; solo que con los ojos abiertos.

El cuerpo del joven, que murió asesinado en la urbanización Villa Carolina el pasado viernes, reposa en estos momentos sobre la silla, mientras parece mirar a sus familiares y amigos que se han congregado en la funeraria para despedirlo. Tampoco le faltó el cigarrillo y los espejuelos que en vida lo caracterizaban.

La Funeraria Marín es la pionera en este tipo de velorios inusuales, siendo Fernando el noveno de ellos.

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