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Washington. La Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó un proyecto de ley para que las víctimas de los atentados del 11 de septiembre de 2001 puedan demandar a Arabia Saudí por sus supuestos vínculos con el terrorismo, un texto que ya había recibido luz verde en el Senado. Los congresistas aprobaron por unanimidad esta iniciativa, que la Casa Blanca no ve con buenos ojos, apenas dos días antes del decimoquinto aniversario de unos atentados que se cobraron la vida de casi 3.000 personas en Nueva York y Washington.

El presidente estadounidense, Barack Obama, tiene ahora 10 días para vetar la controvertida iniciativa si así lo considera oportuno. Ese no sería un movimiento sorprendente ya que la Casa Blanca ha alertado sobre las consecuencias diplomáticas que acarrearía para las relaciones con un país que es de los principales aliados de Estados Unidos en la región. Pero el veto sería también una jugada muy impopular que podría tener consecuencias políticas para los demócratas a menos de dos meses de los comicios presidenciales del 8 de noviembre.

Cuando la iniciativa fue aprobada en el Senado, en mayo, el portavoz de la Casa Blanca, Josh Earnest, dijo que veía “difícil” que Obama respaldara la norma y anunció gestiones -que no han tenido éxito- para frenar su avance en la Cámara de Representantes. El proyecto de ley permitiría a la Justicia estadounidense omitir la inmunidad de jurisdicción (el deber de los Estados de no llevar a juicio a estados extranjeros) en casos de ataques terroristas en sus propias fronteras, como en el caso del 11S. Son muchos los que defienden que esos atentados se orquestaron con apoyo de funcionares saudíes a los terroristas de Al Qaeda, aunque esa conexión nunca ha sido probada. Arabia Saudí, por su parte, amenazó con vender los activos estadounidenses en el país, fondos con un valor de 750.000 millones de dólares, si el proyecto finalmente ve la luz.

El representante republicano Bob Goodlatte, presidente del Comité Judicial de la Cámara, dijo que Estados Unidos no puede permitir “que quienes matan a estadounidenses se escondan detrás de vacíos legales, negando la justicia a las víctimas del terrorismo”.

El senador demócrata Chuck Schumer, uno de los impulsores del proyecto, admitió que “hay consideraciones diplomáticas” detrás de su aprobación, pero afirmó que Arabia Saudí “debe rendir cuentas” en caso de que algún tribunal demuestre su complicidad con el 11S. “Si no han hecho nada malo, no tienen de que preocuparse”, añadió el neoyorquino Schumer, quien impulsó el proyecto de la mano del senador republicano por Texas John Cornyn.

Quince años después de los ataques del 11 de septiembre, los musulmanes de Nueva York siguen haciendo frente a episodios de violencia contra sus mezquitas, así como al discurso de odio en su contra del candidato republicano a la Casa Blanca, Donald Trump.

El último ataque contra un centro islámico, a principios de agosto, fue la muerte a tiros a plena luz del día del imán Maulama Akonjee, de 55 años, y a su ayudante Thara Uddin, de 64, cerca de la mezquita Al Furqan Jame Masjid, en el barrio Ozone Park, en Queens.

Un ataque que desafortunadamente no sorprendió al imán del Albanian Islamic Cultural Center de Staten Island, Tahir Kukiqi, que explicó a Efe que sufrió un intento de agresión frente a su mezquita el pasado junio. “Voy a matarte” y “Han venido a conquistarnos” fueron los gritos del hombre que le amenazó. Tras ese incidente se reforzó la seguridad en la mezquita, un apoyo que volverá a desplegarse este domingo al cumplirse el quince aniversario de los atentados del 11 de septiembre.

El imán lamentó que se relacione a los musulmanes con los terroristas, un vínculo que tilda de “injusto”, “mentira” y “falsedad”. Como cada año, coincidiendo con el aniversario del peor atentado sufrido en la ciudad de Nueva York, en sus oraciones estarán presentes las víctimas del 11-S. Preguntado el imán sobre la “islamofobia” que asegura existe en EE.UU., se refirió a Donald Trump, pero también quiso señalar que detrás del magnate neoyorquino “hay mucha gente”.

Para Enamul Upal, un bangladeshí de 40 años que lleva exactamente quince años en la Gran Manzana, “hay que distinguir entre los políticos y la gente de la calle” cuando se habla del trato a los musulmanes. “Yo nunca he tenido ningún problema.

Es más, siempre que he ido a algún sitio y he dicho que soy musulmán, me han ayudado”, explicó a Efe desde su puesto de venta frente a la mezquita de la calle 96 con la tercera avenida, en el Upper East Side. Upal lamenta que todavía se relacione el Islam con el terrorismo porque “el Corán deja bien claro que no se ha de matar a gente inocente”.

“Por eso condenamos los atentados de la forma más dura posible”, agregó. En los últimos años se han reproducido ataques a mezquitas tanto en Nueva York como en el resto del país. Unos episodios que han aumentado especialmente en el último año tras los atentados de París y Bruselas, así como la matanza de San Bernardino y un club nocturno en Orlando, ambos perpetrados por musulmanes presuntamente.

Según una encuesta de CBS News, el 60 % de los musulmanes dijo sufrir discriminación por razón de su credo, aunque formen parte de casi toda las comunidades del país, de las administraciones y de las propias fuerzas de seguridad. Coincidiendo con el asesinato del imán de Queens, el alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, recordó hace unos días que 900 policías de la ciudad son musulmanes estadounidenses.

Actualmente, según un estudio del Journey Data Center, entre 400.000 y 800.000 personas de la zona metropolitana de Nueva York se identifican como de religión islámica. Aunque en los últimos 15 años esa población ha crecido por encima del 70 %, el aumento en Nueva York está por debajo de esa cifra. La presencia de musulmanes en Nueva York se remonta varios siglos atrás.

Tal y como existe Chinatown o Little Italy, existió un Little Syria, en Nueva York, desde finales del siglo XIX y hasta bien entrado el XX. Se situó en la confluencia de Washington Street y Rector Street, paradójicamente a cien metros del World Trade Center, y representaba en su día uno de los barrios más vibrantes de la ciudad, además de ser entonces el único sitio de Manhattan donde se podía comprar pistachos y otros productos de Oriente Medio.

Esa comunidad desapareció, sin embargo, cuando se construyeron las rampas de entrada a las autovías del túnel a Brooklyn. El próximo lunes los musulmanes de Nueva York celebrarán como el resto del mundo la fiesta del sacrificio, el Aid al Adha, cuya fecha, marcada por la Luna, a punto ha estado de coincidir con el principal día de duelo en la historia reciente de EE.UU.

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