La seguridad en Latinoamérica sigue en jaque. Al menos, así lo revela el primer Índice Internacional de Seguridad Interna y Policía de la Asociación Internacional de Ciencias Policiales y el Instituto para la Economía y la Paz, que fue publicado este jueves. De los 127 países analizados, la mayoría de naciones en la región se ubica en los últimos lugares: es decir, entre los más inseguros. Venezuela, el menos seguro en Latinoamérica, ocupó el lugar 119, precedido inmediatamente por México que está en el 118.

Les siguen Honduras en la posición 116, Bolivia en la 114, Paraguay en la 113, Guatemala en la 107 y Perú en la 105. Un poco más arriba están Colombia en el lugar 96, República Dominicana en el 95, Brasil en el 94 y El Salvador en el 86. La excepción en la clasificación corrió por cuenta de Uruguay, Chile y Argentina que ocuparon los puestos 35 y 43 y 77, respectivamente.

De ahí que Latinoamérica sea la tercera región más insegura del mundo, superada únicamente por África subsahariana y Asia del Sur. Además, el informe, presentado en conjunto con el Instituto para la Economía y la Paz, también reveló que en cinco países de la zona se registraron las peores tasas de homicidios: Honduras, Venezuela, El Salvador, Guatemala y Jamaica, en su orden.

“Los cinco países con las tasas más altas de homicidios son de Suramérica, América Central y el Caribe. En las últimas décadas estas regiones han sufrido inestabilidad política y violencia relacionada con el tráfico de drogas. Lo que ha llevado a que en muchos países la policía sea prácticamente incapaz de prevenir las muertes asociadas al narcotráfico”, señaló el índice.

En este sentido, el informe también explicó que un aumento en las tasas de homicidio “es un indicador importante de que hay un fuerte quebrantamiento de la ley, un sistema judicial y policial desfinanciado, ineficiente o corrupto, o un factor subyacente como la violencia relacionada al narcotráfico”. Y añadió que si estas situaciones no son atendidas a tiempo pueden convertirse en serias amenazas a la seguridad y a la estabilidad del país.

Además, el director de investigación del Instituto para la Economía y la Paz, Daniel Hyslop, aseguró que cuando las tasas de homicidio se disparan “así como presencia del crimen organizado y de terrorismo, muchas veces las principales víctimas son los propios policías, que son impedidos así de cumplir sus funciones plenamente”, dijo en declaraciones a la agencia Efe.

La situación de Latinoamérica contrasta con los países que están en el top de la clasificación: Singapur está en el primer lugar seguido de Finlandia, Dinamarca, Austria, Alemania y Australia. De hecho, las naciones que se destacaron en el informe por su buen desempeño en temas de seguridad, y que se ubican en las siguientes 15 posiciones, son europeos salvo Nueva Zelanda, Canadá y Japón. Estados Unidos quedó en el puesto 33.

Este índice fue construido con el objetivo de plantear una perspectiva completa sobre los niveles de seguridad, las fuerzas necesarias para proporcionarlos y “la percepción pública de la seguridad”. Por eso, los indicadores están guiados por las categorías de capacidad (los recursos que un país invierte en su seguridad), proceso (si los recursos se invierten de una manera efectiva), legitimidad (la manera en que el público ve a quienes les proveen seguridad) y resultados (las amenazas actuales a la seguridad interna).

Dentro de estas categorías se tomaron en cuenta los homicidios, las tasas de crímenes, el terrorismo, la corrupción, la efectividad, la capacidad carcelaria, y, por supuesto, las fuerzas armadas, la policía y la seguridad privada.

En esta línea, el índice argumentó que la seguridad interna seguirá siendo un asunto delicado en el futuro próximo, debido a que “los efectos de los conflictos internos en Siria e Iraq continuarán sintiéndose en el resto del mundo. El número de refugiados y desplazados internos que hay en este momento a nivel global es el más alto desde la Segunda Guerra Mundial”. El reporte también informó que las muertes “por terrorismo” aumentaron un 80% en el último año, con 32.000 víctimas mortales de ataques en 2014.

En cuanto a los conflictos internos, la investigación reportó que si bien el número ha disminuido levemente en los último 20 años, para 2013 todavía quedaban 106 conflictos activos en el mundo, de los cuales 24 clasificaban como guerras civiles.

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