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Los robots están en todas partes. Cierto, no tienen esa apariencia antropomórfica que muchos quisieran, pero están. No queda duda. Sin embargo, no se trata de una moda momentánea. Cada vez habrá más y lo más probable es que incursionen en terrenos que ahora ni siquiera entran en consideración, como el sexo que seria Robofilia.

La tecnología ya está allanando el camino para un futuro lleno de placer derivado de robots. Así lo afirma la doctora Helen Driscoll, de la Universidad de Sunderland en el Reino Unido, quien predice que la actitud de los seres humanos hacia las relaciones sexuales con robots cambiará a medida que las tecnologías les permitan mejorar en estos últimos.

La psicóloga e investigadora señala que “a medida que avance la tecnología robótica sexual, es también probable que las normas sociales sobre el sexo y las relaciones vayan a cambiar en el futuro”.“La robofilia puede ser ajena, pero podría ser normal en un futuro próximo a medida que las actitudes evolucionen con la tecnología”, dice.

Para la buena fortuna de los más entusiastas, ya hay una gran cantidad de tecnologías emergentes que podrían ser precursoras de esos “buenos” encuentros con robots que a muchos les esperan en el futuro. Por otro lado, si efectivamente el sexo con robots es el futuro, también existen algunas razones por las cuales puede suponerse que se adelantó antes de lo pensado.

Drones, realidad virtual y onanismo

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La primera opción que viene a la mente cuando se habla de la tecnología en los terrenos del sexo es, obviamente, los juguetes sexuales. No obstante, en los últimos años otro tipo de innovaciones han comenzado a abrirse paso en este ámbito, publicó The Huffington Post.Transformar la idea de “vigilancia” por “voyeurismo” definitivamente cambia nuestra percepción de las cosas, sobre todo si de lo que se habla es de un drone.

Es así que los creadores de Drone Boning decidieron aprovechar este potencial cambio de enfoquegrabando películas para adultos desde las alturas. Se trata, definitivamente, de un ángulo novedoso, comparado con los habituales close-ups del porno tradicional.Sin embargo, una vez superada la novedad, sigue latente la sensación de que alguien o algo se encuentra sobre nuestras cabezas, incluso en los momentos más “íntimos”. Por tal motivo la realidad virtual se convierte en una opción lógica.

¿Por qué arriesgarse a salir, si todo puede hacerse “realidad” con el equipo adecuado?Naughty America tiene esto en mente y hace unos meses dio a conocer su porno de realidad virtual estereoscópico, mediante el cual el usuario puede observar un video porno desde el punto de vista de uno de los actores. Un giro de tuerca que puede hacer realidad la fantasía de muchos de protagonizar su propia película.Sin embargo, para aquellos que no están dispuestos a hacer el intento con unos lentes de realidad virtual, existen otros medios para llevar a cabo la autoestimulación. Incluso cuando esto implique depositar la confianza en una mano robótica.Desde 2013 el “VR Tenga” hizo su debut y su propósito es uno y sólo uno: masturbar al usuario.

Es así que gracias a un controlador háptico integrado a un masturbador, el dispositivo de Tenga se sincroniza con una película pornográfica dada, y proporciona al espectador las sensaciones que se supone debe sentir el actor del video para adultos.Teniendo en cuenta los avances que el porno inmersivo ha tenido desde que el “VR Tenga” llegó a la escena, es sólo cuestión de tiempo antes de que el formato se vuelva totalmente interactivo.

Otro nivel de acercamiento

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Cierto, la mayoría de los muñecos sexuales parecen burdos, mientras que los de apariencia más real, además de ser caros, no presentan mayor atractivo que una apariencia que pretende ser hiperrealista. Sin embargo, los modelos que están planeados para el futuro prometen un extra que difícilmente podrán resistir los compradores: inteligencia.Es así que investigadores ya están trabajando en la construcción de una inteligencia artificial (IA) que sea lo suficientemente “inteligente” como para responder a los deseos de cada usuario.El inventor Matt McMullen, cuya compañía hace muñecos desechables y anatómicamente correctos llamados RealDolls, está tratando de incorporar la robótica y la inteligencia artificial en su producto con la esperanza de establecer una conexión emocional entre el humano y la máquina.La IA está todavía en desarrollo y se centra de momento en las cabezas de los muñecos para que puedan entablar conversaciones con los usuarios y responder con expresiones faciales.

Sin embargo, algunos futuristas proponen que en pleno funcionamiento, los robots sexuales no están lejos.Por otra parte, el desarrollo pleno de lo anterior podría alcanzar otro nivel dentro de algunas décadas. Así un grupo de investigadores de la Universidad Victoria en Wellington, Nueva Zelanda, imaginaron un escenario en el que los robots sexuales comerciales tendrían un uso amplio para el año 2050.

En su estudio, Michelle Mars y Ian Yeoman argumentaron que los robots sexuales comerciales estarían libres de la enfermedades y reducirían el tráfico de personas reales, resolviendo dos de los problemas más importantes relacionados con el comercio sexual humano.Los investigadores proponen que los robots se fabriquen con fibras resistentes a las bacterias, que se limpien después de cada uso para reducir la propagación de enfermedades.

También especularon que los clientes se “sentirán libres de culpa” al tener sexo con un robot, y –dado que no se trata de una persona– no tendrían que mentir a los cónyuges acerca de lo que están haciendo.“En 2050, el barrio rojo de Amsterdam será todo de prostitutas androides que estarán limpias de infecciones de transmisión sexual, no contrabandeadas desde Europa del Este y forzadas a la esclavitud”, escribieron.

Vale la pena señalar que una encuesta realizada en 2014 reveló que una de cada cinco personas en el Reino Unido dijo que estaría dispuesta a tener sexo con un robot. Así mismo, un estudio realizado el mismo año por Pew Research sobre el papel de la robótica y la IA en el futuro señaló que las parejas sexuales robóticas se convertirán en algo común, aunque su uso sería un tema que dividirá opiniones.

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