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La actriz Salma Hayek es una gran admiradora del Papa Francisco -que acaba de dar por primera vez permiso a los sacerdotes para que absuelvan del “pecado de aborto a quienes lo han practicado y que estén arrepentidos de corazón” durante el Jubileo de la Misericordia- porque considera que es un revolucionario que quiere “cambiar las cosas”.

“¡Me encanta! Es un soplo de aire fresco. Creo que ese hombre es un rebelde. Creo que es verdaderamente el primer Papa de la gente. Me parece que está haciendo un esfuerzo para cambiar las cosas que deben ser cambiadas. No coincido con él en todo, pero tampoco estaba de acuerdo con todo lo que pensaba la Madre Teresa. ¿Y sabes qué? Era una mujer extraordinaria y un ángel. Y me enseñó un montón de cosas”, declaraba la mexicana en una entrevista en el nuevo número de la revista Latina.

Salma viajó a la India en 1996 para ayudar en los hospicios y residencias para enfermos de la Madre Teresa, donde dejó de lado su estatus de estrella para lavar a enfermos y ayudar en otras tareas que nadie más quería realizar.

“Yo no lloro. Me pongo manos a la obra, pero no soy ni fría ni una blandengue. Actúo por impulsos. Había ciertas cosas que ninguno de los otros voluntarios estaban dispuestos a hacer. Yo me pasaba el día lavando a los pacientes con diarrea. Afeitaba cabezas llenas de piojos, curaba heridas de las que salían gusanos, vacunaba a los pacientes. Me convertí un poco en una especie de líder allí”, reconoce.

El afán por ayudar de Salma proviene de su deseo de ser “el mejor ser humano posible”, lo cual pasa por emplear su fama para atraer la atención sobre las diversas causas sociales con las que colabora.

“En algún momento de mi vida me dije: ‘Voy a intentar ser el mejor ser humano posible en esta vida'”.

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