WASHINGTON.-  A falta de una cédula de identidad nacional en EEUU, cargar el pasaporte americano o la “tarjeta verde” se han convertido para los extranjeros en una especie de escudo o “manta de seguridad” contra las redadas en barrios inmigrantes, advirtieron hoy varios expertos.

En EEUU, no hay cédula de identidad nacional y las licencias de conducir, cuya emisión es potestad de los gobiernos estatales, no comprueban a primera vista el estatus legal de las personas.

Eso quiere decir que, al caer en una redada, un extranjero, ya sea ciudadano naturalizado o residente legal, con visa o permiso temporal, posiblemente tenga que pasar un mal rato hasta que se compruebe su estatus en una base de datos del gobierno.

Lo que dice la ley

El abogado de inmigración, David Leopold, explicó que, por ley, los residentes permanentes tienen que cargar siempre sus “tarjetas verdes” y pueden ser enjuiciados si no lo hacen.

Para otros inmigrantes, la ley también exige ciertos requisitos de registro y actualización de domicilio. En cambio, para los ciudadanos, nacidos o naturalizados en EEUU, bastan las cédulas de identidad o licencias de conducir estatales.

“El alcance de los memorandos es tan extenso que esperaríamos a que muchos ciudadanos y residentes legales queden atrapados en las redes de la fuerza de deportación de Trump, especialmente las minorías. Estas políticas draconianas afectan a todos los estadounidenses, no sólo a los que no tienen papeles”, advirtió Leopold.

Inmigrantes precavidos

Ante temores de discriminación racial por parte de agentes de la Oficina de Inmigración y Aduanas (ICE, en inglés), muchos “Dreamers”, inmigrantes legales e incluso ciudadanos naturalizados comentan en las redes sociales que ya han empezado a llevar consigo su pasaporte u otros documentos.

“Yo veo en las noticias que pagan justos por pecadores, y cualquier puede caer preso. Hay que estar listo”, dijo un mesero boliviano que no quiso ser identificado.

Por su parte, Ricardo Luján, un “Dreamer” del sur de Oregón, expresó el temor de que el gobierno use su información en su contra y, mientras tanto, “todos los días llevo mi tarjeta de autorización de empleo en caso de que me detengan”.

“El temor a ser deportado es real para muchas familias e individuos en toda la nación… nunca debemos de volver a la sombra, somos más fuertes cuando tenemos una voz y cuando compartimos nuestras historias como inmigrantes”, agregó.

Aunque en teoría las redadas y demás medidas van contra inmigrantes indocumentados, grupos como la Unión de Libertades Civiles de EEUU (ACLU) han señalado que las nuevas directrices darán alas a la denominada práctica del “perfil racial”, de juzgar y detener a las personas por su apariencia física.

Consultada por este diario, ICE no ha contestado a una solicitud de comentario sobre el arresto indebido de residentes legales o ciudadanos.

Según el Centro de Investigación Pew, hay 20 áreas metropolitanas con altas concentraciones de inmigrantes indocumentados, incluyendo Nueva York, Los Angeles (California), Miami (Florida), y el área de la capital estadounidense, que serán terreno fértil para las deportaciones.

Nancy Foner, socióloga del “Hunter College” de la City University of New York (CUNY), señaló que más de la mitad de los 11.1 millones de inmigrantes indocumentados llevan al menos una década en EEUU,  son productivos y cometen menos crímenes que los nacidos en el país, pero ahora “viven con el miedo de que tan solo una infracción menor, como no parar en un semáforo en rojo, les cause la deportación”.

“Una de las terribles posibles consecuencias de estas medidas draconianas… es que este clima de miedo perjudique la integración de los inmigrantes” y los obligue a atrincherarse aún más en sus comunidades, observó.

¿Otro ciclo “nativista”?

A través de su historia, Estados Unidos ha atravesado varios ciclos “nativistas”, es decir, la tendencia a rechazar a los extranjeros y a culparlos de todos los males del país.  El sentimiento anti-inmigrante se ensañó, por ejemplo, contra los chinos, los polacos, los irlandeses, los italianos o los japoneses.

Este fenómeno suele ir de la mano de una gran crisis económica y la incertidumbre que ésta genera pero, en la “era de Trump”, la xenofobia salta de nuevo a la superficie con la ayuda de grupos nacionalistas y supremacistas incapaces de aceptar los cambios demográficos en el país.

“Estamos viviendo otro ciclo nativista, definitivamente. No sólo es que la crisis económica no es real sino que las estadísticas sobre crímenes tampoco lo son, como tampoco son en su mayoría los ataques terroristas citados por Trump. Pero él ha usado el miedo con tanto éxito que los hechos en realidad ya no importan”, dijo a este diario Marty Rosenbluth, abogado de Inmigración en Raleigh (Carolina del Norte).

Rosenbluth lamentó que, en aras de la seguridad nacional y para protegerse de “temores mayormente ficticios”, los estadounidenses parecen estar dispuestos a ceder sus derechos.

Asimismo, advirtió que estas medidas policiales perjudicarán la integración plena de los inmigrantes, el turismo y los negocios.

Anticipando la necesidad de más abogados, su bufete legal abrirá una oficina en Lumpkin (Georgia), a menos de una milla del Centro de Detención de Stewart, para “luchar contra estas políticas en las calles”, explicó.

Activistas defensores de las libertades civiles han señalado que, tanto en su retórica como en sus acciones, Trump continúa en “modo de campaña”, congraciándose con la base que votó por él, sin ampliar su coalición.

Con apenas un mes en el poder, ya ha empezado a hablar de un posible mandato de ocho años si gana la reelección en 2020.

Grupos conservadores festejan

Pero grupos conservadores como la Federación para una Reforma Migratoria (FAIR), que durante años han presionado al gobierno por más restricciones incluso para la inmigración legal, celebran ahora las medidas de Trump como una especie de “regalo navideño” anticipado.

El presidente de FAIR, Dan Stein, dijo al diario “USA Today” que el gobierno les ha traído la “Navidad en febrero” y que los memorandos del martes pasado del secretario de Seguridad Nacional, John Kelly, establecen una amplia “hoja de ruta” para “recuperar el control” del país.

Ese mismo mensaje llevó ante la cadena televisiva CNN, al argumentar que la nueva política ayudará a “recuperar nuestras escuelas, nuestros hospitales, y nuestras comunidades una vez más para el pueblo estadounidense”.

Stein, claro está, no considera que los inmigrantes, sin importar su estatus legal, son parte integral de esas comunidades.

Para la Administración Trump, las medidas migratorias son más un mensaje político que un plan legal viable y, si llegase a perder algún caso en los tribunales, tendría una salida perfecta: podría echar la culpa a los “supuestos jueces” o a los “medios deshonestos”, ironizó Rosenbluth.

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