sueño
SANTO DOMINGO NORTE. “Yo tenía este sueño, pero no pensé que era así tan bueno”; “Me siento bien contenta, la paz y la tranquilidad no tienen precio”; “Yo dormí como un angelito”, “No se fue la luz, y me bañé en la ducha”; “Esta es una nueva vida, un cambio, es un sueño, gracias a Dios y al presidente Danilo”…esas son las expresiones de las primeras siete familias reubicadas en el proyecto La Nueva Barquita, al pasar la primera noche en su nueva vivienda.

Se trata de un programa piloto implementado por las autoridades para reubicar a las familias para conocer su adaptación al cambio y las cosas que hay que corregir. Esas siete familias las encabezan personas con discapacidad o de edad muy avanzada que vivían muy cerca del río Ozama.

Virginia López no esconde su felicidad, y dentro de las cosas que cuenta con agrado es que pudo dormir más de ocho horas por la tranquilidad del lugar. Ella tiene sus ajuares instalados, y no deja de dar gracias a Dios y al presidente Danilo Medina.

Teodora Merán es otra beneficiada, y explica que ya en su cabeza no tiene el tormento de que el río va a entrar a su casa cuando llueve y destaca la comodidad de su nuevo hogar…”yo dormí como un angelito”, dijo

“A allá (La Barquita) nunca había bajado un presidente, yo sabía que Danilo nos iba a sacar, y yo dije, el Señor puso a Danilo ahí para que él haga por nosotros, y así fue”, expresa.

La situación de Isabel Ramírez es también de alegría, pero aunque no lo dice, sus condiciones son pésimas, porque carece de utensilios hogareños. Es una mujer joven, y sólo tiene un pie y sus precarias condiciones económicas no les permiten comprar lo que necesita su nuevo hogar… “pero yo hasta en el suelo duermo”, dice con una amplia sonrisa.

Su estufa estaba en pésimas condiciones, y la dejó en la vieja Barquita, ahora tiene comprar comida ya preparada porque no tiene donde cocerla, igual un colchón y otras pocas cosas.

Cuenta que para vivir hay que tener todo limpio, cuidar que los hijos no se caigan por ahí (la planta de tratamiento), y al preguntarle si se oyen ruidos, bachatas y dembow, responde: “Eso no se usa por aquí”.

Rafael Holguín, es uno de los líderes comunitarios de La Barquita, y cuenta que cada casa de familia desalojada es destruida inmediatamente por los propios comunitarios para que se ganen la comida.

Cree que en los próximos días seguirán las mudanzas por parte, sobre todo de familias con personas con discapacidad y de más de 60 años, que son los que ocuparán los primeros niveles de los apartamentos.

“Fueron siete bien escogidas, gente minusválidas, gente que hasta se le hizo un baño especial como fue el caso de un joven…38 años después es justo que el mundo se entere que vamos a cambiar de vida, vamos cambiar hasta la forma de caminar porque no hay que levantar los pies porque eso es concreto”.

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