Josef Wesolowski

Ciudad del Vaticano.- El primer juicio por presunta pederastia contra un antiguo obispo en el Vaticano ha comenzado hoy con una silla vacía, la del propio imputado, el exnuncio en República Dominicana Jozef Wesolowski, que tuvo que ser hospitalizado ayer.

La vista se suspendió ante la ausencia de Wesolowski por un “malestar imprevisto que ha hecho necesario su traslado a un hospital, donde fue internado en terapia intensiva”, dijo un comunicado del Vaticano.

El tribunal no ofreció la fecha de la próxima audiencia, a la espera de la recuperación del ex nuncio polaco, que enfronta penas que van desde los 6 a los 12 años de cárcel.

La celebración de este proceso contra el exprelado estuvo rodeada de una gran expectación mediática y el Vaticano se aseguró de que no se introdujeran aparatos electrónicos de ningún tipo en el aula con los que poder registrar el debate.

Por eso pidió a los periodistas acreditados que se deshicieran de sus pertenencias antes de entrar, a excepción de un cuaderno y un sencillo bolígrafo repartido por los funcionarios vaticanos tras pasar el control de seguridad.

El juicio se celebró en la Oficina Judicial, en la planta baja del Tribunal Vaticano, un edificio ubicado a escasos metros del ábside de la basílica de San Pedro y de la Casa Santa Marta, la residencia del papa, quien se encuentra a miles de kilómetros de distancia a punto de concluir un viaje pastoral por América Latina.

Se trata de un aula austera, presidida por un crucifijo e iluminada por cuatro grandes lámparas de metal que, en sus poco más de cincuenta metros cuadrados, albergaba dos sólidas mesas de madera oscura y un estrado similar donde se sentaron los jueces, los fiscales y el secretario.

En sus muros de color amarillento además de un par de ventanas con cortinas blancas solo había una fotografía del papa argentino y un busto de Pio XI, suscriptor de los Pactos de Letrán (1929) con los que la Santa Sede obtuvo el estatus de Estado soberano.

El sonido metálico de una campana anunció la entrada en la estancia de los jueces: el presidente, Giuseppe dalla Torre, y sus adjuntos, Piero Antonio Bonnet y Paolo Papanti Pelletier.

A su llegada la sala se alzó en señal de respeto y el secretario comenzó a enumerar los cinco delitos atribuidos al exnuncio polaco: aberraciones como abusos continuados a menores y posesión de una “ingente cantidad” de material pedopornográfico en dos ordenadores de su propiedad.

La audiencia, que comenzó a las 09.32 hora local (07.32 GMT), duró alrededor de seis minutos y durante su transcurso destacó la silla vacía en la que debía sentarse el acusado, también de madera y situada en el centro del estrado a un escaso metro de distancia aproximadamente de los acusadores y del Tribunal eclesiástico.

Wesolowski, que el próximo miércoles cumplirá 67 años, tuvo que ser hospitalizado durante la tarde del viernes por un problema de salud que el Vaticano no ha querido precisar por respeto a su intimidad.

El rumor que apuntaba a la ausencia del polaco en el juicio parecía confirmarse mientras los periodistas cruzaban la plaza de San Pedro en dirección al Tribunal, si bien no se confirmó hasta que accedieron al aula.

El acusado permaneció en la República Dominicana desde 2008 hasta 2013 y, tras ser llamado a Roma, sufrió un proceso canónico que le supuso la mayor pena prevista: la expulsión del sacerdocio.

Recurrió esta sentencia pero ahora afronta este nuevo proceso de naturaleza penal y que le podría suponer la cárcel.

De cara a este juicio, el papa Francisco tomó una decisión sin precedentes y el pasado septiembre decidió someterle al arresto domiciliario para evitar la hipotética contaminación de pruebas o, incluso, su huida.

En aquella ocasión su delicado estado de salud hizo que las autoridades vaticanas levantaran la mano y le permitieran cierta libertad de movimientos sin sobrepasar, eso sí, los confines del pequeño Estado.

Desde entonces, según explicaron hoy en el juicio, Wesolowski reside en la habitación número 5 del Colegio de Penitenciarios, anexa al Tribunal.

El promotor de justicia (fiscal), Gian Piero Milano, encargado de investigar los hechos, fue quien anunció la hospitalización del exarzobispo y entregó al presidente del Tribunal unos documentos que así lo atestiguaron.

Su abogado defensor, Antonello Blasi, lo corroboró y subrayó que su cliente tenía la voluntad de acudir a la audiencia.

Ambos pidieron posponer la vista y la solicitud fue aceptada por Dalla Torre, que retrasó su celebración a una fecha aún por determinar.

Será entonces cuando se retome el proceso y se estudien los delitos que se le atribuyen, presuntamente cometidos tanto en la isla caribeña como en Roma.

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