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Irónico, peleador y con un enorme dominio de la escena, el polémico magnate Donald Trump volvió a ser el gran protagonista esta noche del debate de los precandidatos republicanos a la presidencia. Pero esta vez sus rivales, lejos de intentar ignorarlo como en el primero de los choques cara a cara de hace un mes, buscaron atacarlo para tratar de frenar su ascenso imparable en los sondeos. El soportó los golpes y confirmó su liderazgo en el partido opositor de Estados Unidos.

En un debate bien picante, en pocos minutos sus compañeros le dijeron que dudaban de su capacidad para ser comandante en jefe o controlar la botonera nuclear. También que como presidente no podía andar insultando a los mandatarios del mundo, como suele hacer con los que no les cae bien. “Todo lo que hice fue extremandamente exitoso. Quiero que este país sea grande otra vez y no creo que nadie en este panel sea capaz de hacerlo”, replicó Trump. Y siguió con sus frases polémicas: “Este es un país donde hablamos en inglés, no en español”.

Los once aspirantes republicanos mejor posicionados se enfrentaron en la Biblioteca Ronald Reagan de Simi Valley, California, un escenario más que simbólico para cualquier candidato conservador que aspire a la Casa Blanca. En agosto, la cadena Fox batió todos los récords de audiencia en el primer debate, con 24 millones de telespectadores, con la expectativa que genera el pirotécnico Trump. Esta vez fue transmitido por CNN, que buscó que los candidatos chocaran unos contra otros.

Como favorito en las encuestas, Trump fue colocado en el centro del escenario. A su lado estaba el neurocirujano Ben Carson; el ex gobernador Jeb Bush; el senador de Texas Ted Cruz; el gobernador de Wisconsin Scott Walker; el senador de Florida Marco Rubio; el ex gobernador de Arkansas Mike Huckabee; el gobernador de Ohio John Kasich; el senador de Kentucky Rand Paul y el gobernador de Nueva Jersey Chris Christie.

La novedad fue la inclusión en el prime time de Carly Fiorina, la ex Ceo de Hewlett Packard, conocida en la Argentina porque el entonces presidente Néstor Kirchner hizo esperar a la ejecutiva varias horas en la Casa Rosada y no la atendió. La única mujer que compite en el campo republicano ascendió varias posiciones en las encuestas y quizás por eso fue agredida hace unos días por Trump: “¡Mira esa cara! ¿Va a votar alguien por eso?” , se preguntaba el magnate al mirar una fotografía de Fiorina.

¿Qué piensa de la cara de Trump?, le preguntaron los moderadores a Fiorina. Las mujeres saben, replicó ella. Y el magnate trató de recomponer la situación: “Es una mujer hermosa”, dijo. Aparte de eso, se vio sólida a Fiorina al atacar a Trump, pero sin llegar a la agresión: “Es un mediático grandioso. Pero una de las cosa es el carácter, el temperamento real, que será revelado bajo presión”, dijo sobre si le confiaría la botonera nuclear al magnate. Fue una de las grandes ganadoras de la noche.

El debate era una gran oportunidad para que el neurcirujano Ben Carson, que en estos últimos días tuvo un enorme ascenso en las encuestas y se acercó a Trump, para que mostrara sus dotes poco conocidas para el público en general. Pero la verdad es que defraudó. Apenas miraba cómo el resto hablaba y pareció fuera de toda discusión. Perdió una gran chance.

Otro que no aprovechó la ocasión fue Jeb Bush, que ha caído en los sondeos y que se ha convertido en uno de los blancos preferidos de Trump, que lo calificó de “candidato flojo” y lo criticó por hablar en español. Quizás su frase más feliz haya sido una sobre la idea: “Se requiere un conocimiento sobre como funciona el mundo, no se puede insultar líderes en el mundo”. Pero Trump lo paseó toda la noche, lo mandó a callar varias veces y en un momento en que Bush parecía tomar la iniciativa le dijo, irónico: “Se te ve con más energía hoy”.

Trump acusó a Bush de ser una “marioneta de los donantes” y se jactó todo el tiempo de sus millones y su independencia financiera: “No estoy aceptando dinero de nadie, nadie tendrá mi control salvo el pueblo de EE.UU.”.

En un momento, Bush le pidió a Trump que le pidiera perdón a su mujer por haber dicho que ella, por ser de origen mexicano, influenciaba su posición sobre la inmigración. Trump lo miró con desdén y no se disculpó.

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