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Un exsoldado estadounidense que lucha contra ISIS junto a combatientes kurdos en Siria le ha advertido a otros que están tentados a unirse a él que la vida en la línea del frente no es un juego de computadora.

“Te encuentras con muchas personas que creen que va a ser una experiencia como la de ‘Call of Duty'”, le dijo a CNN en su campamento remoto cerca del río Tigris al norte de Siria.

“Creen que porque entienden cómo apretar el gatillo en una consola, saben cómo hacerlo en la vida real”.

Randy Roberts es uno de las decenas de occidentales que han venido a Siria e Iraq para unirse a las YPG, y ayudarles a combatir a ISIS.

Ellos son un grupo mixto de hombres y mujeres de Europa y América del Norte, entre ellos un médico canadiense de Alberta, una joven sueca y un hombre corpulento de mediana edad del País Vasco de España.

Roberts, a quien lo conocen con el apodo de “Red”, se encuentra entre los combatientes más experimentados aquí; él es un ex especialista con la División de Infantería No. 25, y participó en dos períodos de servicio con el ejército de Estados Unidos en Iraq.

Cuando ISIS comenzó a tomar el control de grandes extensiones del país el año pasado, él trató de unirse de nuevo, pero dice que no pudo hacerlo a causa de sus muchos tatuajes. Hasta hace poco, a los soldados estadounidenses les prohibían tener más de cuatro tatuajes en sus antebrazos y pantorrillas.

En cambio, el originario de Virginia de voz suave decidió hacer el viaje por sí mismo, y recurrió a Google para localizar contactos en la región, a través de grupos de Facebook como el “Lions of Rojava”, el nombre que los kurdos sirios le dan a su país de origen.

Dejó su carrera universitaria en diseño gráfico en Nueva York, compró un boleto de avión y viajó a Suleimaniyeh en Iraq. El proceso le costó 5.000 dólares.

Roberts dice que lo que lo motivó a volver a la región fue el “asesinato en masa de personas inocentes por parte de ISIS”, como los chiitas y yazidíes.

“Sentía que debido a mi experiencia pasada y a que ya había estado antes en esta región, podía contribuir y en realidad ayudar a la causa”, le dijo a CNN.

Él ha estado aquí durante siete meses, primero en Iraq, donde él y otros combatientes extranjeros se unieron en marzo a una ofensiva al sur de Kirkuk que recapturó varios pueblos ocupados por ISIS.

En Siria, dice que ha estado involucrado en combates alrededor de la ciudad de Jarablus, que todavía está en manos del grupo terrorista.

Ahora está ayudando a entrenar a nuevos reclutas, algunos de quienes nunca habían manejado un arma antes de que llegaran al Medio Oriente.

Roberts dice que algunos occidentales —los que vienen en busca de la experiencia de del videojuego— no deberían estar aquí, sin importar sus buenas intenciones.

“Si quieres pelear en otros países, primero pelea por tu propio país”.

Varios combatientes extranjeros ya han sido asesinados mientras servían con las YPG, entre ellos Keith Broomfield, de 36 años de edad, de Massachusetts, y a Reece Harding, de 23 años, de Australia. Uno de los mayores riesgos son las minas terrestres y las trampas ocultas dejadas por ISIS; eso es lo que mató a Harding.

Roberts dice que muchas veces le ha pasado por la mente que él también podría morir, pero ese es un precio que está dispuesto a pagar.

“Si llegara al final de mi vida y no hubiera venido aquí… eso me habría molestado. Me habría molestado el resto de mi vida”.

Él tiene una gran admiración por sus compañeros en las YPG. Él y otros occidentales aquí los describen como los combatientes más valientes que han visto en su vida.

Pero Roberts dice que tienen una fuerte necesidad de entrenamiento básico militar para contener sus pérdidas en el campo de batalla.

Y él prevé nuevos peligros, si ISIS es derrotado y cuando eso ocurra. “Cuando ISIS ya no esté, van a necesitar un ejército preparado”, dice Roberts, debido a otras rivalidades arraigadas.

Él también tiene un mezquino respeto por la profesionalidad de algunos militantes de ISIS, especialmente aquellos que han venido de lugares como Chechenia. Al igual que las YPG, ISIS también tiene decenas de occidentales que luchan en su nombre.

“Hemos encontrado sujetos que saben lo que están haciendo”, dice. “Saben cómo cubrirse, cómo ocultarse, entienden cómo maniobrar, y son entrenados por los chechenos que vienen aquí”.

Roberts describió una batalla al sur de Kirkuk donde “afuera de las minas que colocaron para impedir que avanzáramos en estas aldeas, también tienen pequeños wadis y zanjas en las que se esconden, así que salen de repente y disparan con ametralladoras”.

Los ataques aéreos de la coalición, dijo, eran vitales para destruir las posiciones de ISIS.

Roberts tiene planificado regresar a casa para tener un descanso, sobre todo porque casi se ha quedado sin dinero después de pasar la mayor parte de este año aquí.

Pero tiene la intención de regresar y jugar su papel en la lucha contra ISIS.

“Es mejor levantarte y hacer algo si crees que puedes ayudar, en lugar de solo quedarte sentado y decir ‘Oye, está ocurriendo al otro lado del mundo y no es mi problema'”.

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