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El CAEI lleva tecnología a los campos para el pago a los bracerosDesde hace cuatro años, el Consorcio Azucarero de Empresas Industriales (CAEI) ha sustituido el tradicional llenado de fichas para que los cortadores y cultivadores de la caña de azúcar cobren sus pagos semanales. Con colocar su huella digital en una computadora portátil o “handheld”, pesar en el mismo campo la caña cortada con un sistema que incluye ubicación geosatelital, y llevarse consigo un comprobante impreso, el bracero ya tiene una idea anticipada de cuánto le pagarán.

El labrador haitiano Antonio Pierre es uno de los que ha probado el cambio. Desde hace 11 años se dedica al cultivo de la caña en el CAEI. Según cuenta, cuando “pica bien”, puede conseguir a la semana entre RD$2,000 y RD$3,000 por su labor, destinando hasta RD$1,000 para su familia en Haití. También se gana algo extra con la venta de zapatos “de paca”.

“(Antes) yo cobraba en un sobre amarillo, y después iba a la oficina con la ficha y ellos pagaban. Uno cobra ahora punchando con la huella; cuando se puncha entonces eso sube a la computadora y te pagan. Ahora está todo mejor, porque si no llega uno mismo, no puede cobrar nadie”, dice Pierre.

La industria azucarera dominicana es tan antigua como los tiempos de la colonia. Hoy día, el CAEI es el segundo productor del país. El Consorcio lo conforman los ingenios Cristóbal Colón, Angelina (ambos en San Pedro) y CAEI (en Yaguate), siendo este último el más antiguo, fundado por Juan Bautista Vicini Canepa en 1883, con el nombre de ingenio Italia.

En el período de zafra, que abarca de noviembre a junio, el CAEI recibe hasta 1,200 cortadores de caña, siendo alrededor de 90% haitianos, indica Leonardi Leiton, encargado de Planificación y Control.

Personal de la Dirección General de Migración -según explica- se encarga de gestionar el permiso de trabajo. El área que trabajan los braceros abarca el 50% de 18 mil hectáreas que tiene el Consorcio para cultivar la caña; el resto es cosechado con máquinas.

Los trabajadores pueden cumplir las jornadas laborales que consideren, según destacan ejecutivos de CAEI. Si empiezan a a las 6 de la mañana, los mayordomos registran en el “handheld” los b,raceros que inician en ese turno y hacen lo propio a la hora de salida a las 11 de la mañana. El mismo proceso lo repiten en la jornada que comienza a las 2 de la tarde y termina a las 6. En algunos casos, un cortador puede trabajar entre 2.5 y 3 toneladas de caña diarias.

Dependiendo de la naturaleza de la caña, existen cuatro tarifas diferentes para pagar a los cortadores, que van desde RD$125 la tonelada hasta RD$140. Estos precios incluyen RD$15 de incentivo por cada tonelada. Así, por ejemplo, el corte de caña verde a pila cuesta RD$125 la tonelada, más los RD$15 de incentivo.

En su boletín institucional correspondiente a junio de este año, en la última zafra, el CAEI indica que produjo 95,351 toneladas métricas de azúcar (un incremento de 28.32% con relación a las 74,302 del año pasado) y exportó 45,572 toneladas métricas a Estados Unidos. Reporta que en la zafra 2012-13 generó más de 4 mil empleos directos y 12 mil indirectos, y pagó aproximadamente RD$750 millones en salarios y prestaciones sociales.

Aunque desde hace décadas la nómina se tramita de manera digital, no fue sino hasta hace cuatro años, cuando los cortadores de caña del CAEI empezaron a tener un mayor control de sus pagos, y enfrentar menos errores a la hora de calcular cuánto será la compensación que recibirán por la caña que cortaron, según indica Leiton.

¿Cómo funciona el sistema?

Desde 2010, en el CAEI se han invertido US$730,000 en el sistema de identificación de los trabajadores en el campo mediante sus huellas digitales y en el pesaje de la caña cortada en alzadora. Leiton dice que el Consorcio utiliza una aplicación para la agroindustria originada en Brasil, llamada Biosalc, empleada en muchos ingenios a nivel mundial para administrar el campo y la cosecha.

Hace dos zafras, el proceso de control de lo producido por cada cortador incluye un reporte, con ubicación satelital, que indica el punto en el campo de dónde se extrajo la caña, logrado con un programa hecho a la medida. A cada cortador se le asigna un espacio a trabajar que es supervisado y registrado en el sistema, explica Leiton.

Anteriormente, en el registro de la cantidad de caña cortada por el bracero, intervenían varios procedimientos: reconocimiento de dónde se extrajo, pesado con una grúa en el campo, registro de cuánto pesó y pesado nuevamente en el ingenio.

Estos procesos se podían prestar a errores tipográficos que generaban volúmenes de reclamaciones a la hora del pago, recuerda Leiton. “Se eliminó ese proceso de pesaje de la grúa, llegó el ‘handheld’ a la raíz del proceso que era el corte de caña, y desde allá vienen notificadas las unidades de trabajo, y aquí no hay necesidad de que nadie digitalice; con sólo un botón, sube toda la nómina al sistema”, explica.

En los campos de caña, hay casetas interconectadas para cobrar el salario semanal, que debe ser entregado de manera presencial. “Tenemos la tranquilidad de que si una persona reclamó, tenemos la certeza de saber en dónde realmente trabajó esa persona, y si lo que nos está diciendo es un reclamo válido […] Lo que buscamos con toda esta tecnología es la armonía con el corte de caña”, concluye Leiton.

“Quienes nos critican están todavía en ‘Over’ “

En un informe divulgado en septiembre, el gobierno de Estados Unidos expresó su preocupación por las condiciones laborales en el sector azucarero de la República Dominicana. Alegó la existencia de infracciones en relación con las condiciones aceptables de trabajo respecto a salarios mínimos, horas laborales y seguridad, y salud ocupacional, tales como pagos inferiores al salario mínimo, jornadas de 12 horas y semanas de siete días.

Apoyado en las mejoras tecnológicas implementadas en el CAEI para garantizar el justo pago, Juan Tejada, asesor del Consorcio en el área de cosecha y ex administrador del Ingenio Colón por 11 años, refuta los alegatos del informe.

“Todavía aquí hay gente que está en ‘Over’ (novela de Marrero Aristy que describe el precario estado en que trabajaban los obreros de la caña). Yo llegué a la industria azucarera en el 1976, y para 1976 estaba muy lejos ya de ‘Over’ en algunos ingenios del Estado y mucho más en la industria azucarera privada”, dice.

“Yo no conozco esos esclavos de esos informes internacionales”, afirma Tejada. “Estos informes internacionales -agrega-, que no terminan de salir, es porque todavía hay gente que no hace lo que ustedes están haciendo: mirando, ni yendo al campo para ver qué tanto hemos nosotros avanzado en lo que era antes y lo que era ahora”, manifiesta.

(EL DIARIO LIBRE)