No debemos tomar ninguna decisión importante

Corremos el riesgo de decir o hacer algo que no tiene marcha atrás. Hay otras situaciones en las que también deberíamos pensárnoslo dos veces antes de abrir la boca, como cuando hemos dormido poco, cuando estamos borrachos, cuando nos sentimos tristes o cuando tenemos hambre.

Si alguien cuyo trabajo es, precisamente, aplicar la ley y olvidar sus preferencias personales cae en la trampa del hambre, ¿qué no ocurrirá con cualquiera de nosotros? El problema no se encuentra tanto en que nuestro estado de ánimo cambie como en que ni siquiera somos conscientes de la manera en que nos afecta.

Cocinar
Puede parecer paradójico, ya que si estamos hambrientos, lo que debemos hacer es cocinar algo para poner fin a dicha situación. Pero es más probable que si tenemos hambre, nos decantemos por la comida basura o cualquier cosa que satisfaga nuestros deseos inmediatamente, por perniciosa que pueda ser para nuestra salud o el diámetro de nuestro estómago. De hecho, la mayor parte de las dietas más eficaces ponen énfasis en la importancia de no pasar hambre para evitar estos peligrosos atracones. Es preferible dejar preparada la comida de antemano para sortear la tentación.

Discutir

Podemos ser demasiado fieros con las personas que nos rodean –y a las que queremos o, por lo menos, deberíamos respetar– que en circunstancias normales. No dejes que el estómago hable por ti.

Juzgar a los demás

La forma en que el hambre afecta nuestro juicio, recuerda que el sesgo de correspondencia (o el error fundamental de atribución) es más acentuado cuando tenemos hambre. Eso quiere decir que si de repente lo vemos todo negro, probablemente culparemos a los que nos rodean de todo lo que va mal, cuando en realidad somos nosotros quienes estamos distorsionando la realidad. Es una forma de proteger nuestra identidad frente al ominoso mundo exterior.

Invertir en bolsa

Cuando tenemos el estómago vacío, tendemos a tomar decisiones mucho más arriesgadas que en circunstancias normales. Personas con niveles más altos de ghrelina acilada (la hormona del apetito) solían tomar decisiones financieras más arriesgadas. Una revelación que llevaba a los investigadores a preguntarse si las personas que hacen dieta no pueden ser más propensas a tomar decisiones aberrantes.

Ir de compras

Aquellas personas que acudían al supermercado a comprar alimentos con niveles más altos de ghrelina concluyeron que “Las fotografías de comida se destacaban aún más; la gente las llegaba a ver mejor” Lo que conducía a los participantes en el estudio a una compra compulsiva.

Sí deberías estudiar

La lógica dicta que no deberíamos estudiar con el estómago vacío, porque al fin y al cabo, si nuestros niveles de energía son bajos, nos costará más retener el conocimiento. Pero un estudio realizado por la Universidad de Yale puso de manifiesto que la ghrelina activa receptores en el hipocampo, la región del cerebro relacionada con el aprendizaje. Por esa razón, tener el estómago vacío cuando se estudia puede mejorar la creación y recuerdo de nuevas memorias, al igual que ocurría con los clientes hambrientos del supermecado.

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