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En el mundo 3.3 millones de personas mueren cada año a consecuencia del abuso en el consumo del alcohol, pese a ello los mexicanos consumen cerca de 5.5 litros de esta bebida anualmente.

El alcoholismo está relacionado con dos factores: un síndrome de abstinencia y un síntoma de tolerancia, los cuales desencadenan todo lo que pasa en el cuerpo de un alcohólico.

Sustancia que altera

El síndrome de abstinencia significa que el organismo necesita la sustancia para funcionar normalmente y cuando no la tiene experimenta reacciones como temblor, inquietud y desesperación, que sólo desaparecen cuando la persona vuelve a consumir alcohol.

Por su parte, el síntoma de tolerancia aparece cuando el cuerpo va adaptándose a consumir mayores cantidades de alcohol, generando cambios biológicos y bioquímicos que permiten que la persona ingiera cada vez más esta sustancia.

Cambios internos

El alcohol proporciona un efecto tranquilizante, relacionado con circuitos neurobiológicos de recompensa y placer, afirma Benjamín Guerrero López, del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental de la Facultad de Medicina de la UNAM.

Cuando aumenta el consumo, se producen cambios en estos circuitos que a su vez provocan modificaciones a nivel cerebral, hepático y corporal”.

Conforme la dependencia a la sustancia aumenta, el cerebro se daña y pueden aparecer trastornos parecidos a la demencia o psicóticos, como la esquizofrenia.

Cambios externos

Para que un alcohólico se vuelva agresivo, desinhibido o violento depende el tiempo y la cantidad de alcohol consumido, así como de qué tan dañado se encuentre su cerebro.

Se considera que existe abuso de alcohol cuando la persona lo consume en situaciones de riesgo, por ejemplo, si pese a ingerir altas cantidades decide manejar, o exprese modificaciones en su funcionamiento social, que causan afectaciones en su entorno familiar y laboral.

Los adolescentes son el grupo de edad que presenta los niveles más altos de consumo de alcohol de manera consuetudinaria, es decir, que beben por lo menos una vez a la semana o grandes cantidades en una sola ocasión, indica Guerrero López.

Algunos trastornos como la depresión o la ansiedad generan problemas de alcoholismo o viceversa. Cada vez más mujeres consumen alcohol como una forma de disminuir el dolor emocional durante sus estados depresivos.

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