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Si bien su padre biológico dejó de figurar en su vida a los pocos meses de nacimiento, el fallecido pelotero José Fernández siempre tuvo una figura paterna para guiarlo y en la que seguramente se iba a reflejar ahora que tenía su primer hijo en camino.

“Quisiera que lo recordaran no como el gran pitcher, sino como un gran ser humano”, dijo Jiménez en declaraciones a Univisión.

El padre de crianza de Fernández vive en Tampa y está separado desde hace años de la madre del beisbolista, Maritza Fernández, lo que no impedía que mantuvieran una relación muy cercana con el muchacho. Hablaban a menudo y Fernández bajaba a Miami a ver lanzar al pelotero en cuanto tenía una oportunidad.

De hecho, Fernández estaba esperando una llamada del joven de 24 años el domingo en que murió para que le avisara si ese mismo día iba a jugar o era el siguiente porque habían quedado de acuerdo en que se desplazaría a Miami para presenciar el juego, contó al diario El Nuevo Herald.

En cambio, lo que recibió fue la noticia de que el niño que había visto crecer a su lado desde los tres meses había perdido la vida.

“Se me vino todo abajo, porque eso es algo que ningún padre quiere escuchar”, dijo Jiménez al rotativo. “Todavía me resisto a creerlo y pienso que en cualquier momento despertaré de esta pesadilla”.

 Jiménez recordó cómo desde que José era niño había visto desarrollar su habilidad con la pelota en los campos de pelota de Villa Clara, Cuba.

“Siempre me sentí orgulloso de él, como si fuera de mi sangre”, agregó en su entrevista con el diario.

Al igual que su hijo, Jiménez trató en varias ocasiones de salir de Cuba. Cuando finalmente lo logró, se estableció en Tampa, donde recibió con los brazos abiertos a Fernández cuando el entonces adolescente y su madre también consiguieron abandonar su isla natal en busca de una vida mejor.

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