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A pesar de que cada año son unos 5.000 los embarazos afectados por defectos del tubo neural en toda Europa, y de que se sabe que el consumo de ácido fólico puede prevenir su prevalencia, lo cierto es que las cifras europeas de este tipo de problemas no han variado significativamente en los últimos 20 años.

En 1991, el Consejo Médico de Investigación del Reino Unido señalaba que las mujeres que toman ácido fólico antes y durante su embarazo podrían reducir hasta un 72% el riesgo de que el bebé sufriera un defecto del tubo neural. Sin embargo, y a pesar de las evidencias científicas, si se miran los resultados de un estudio publicado hoy en el British Medical Journal (BMJ), la estrategia europea para prevenir estas anomalías está fallando.

Por defecto del tubo neural se entiende una anomalía congénita del cerebro, la columna vertebral y la médula espinal, y sus dos principales tipos son la espina bífida y la anencefalia. La primera se caracteriza por un cierre incompleto del tubo neural porque una o varias vértebras no se han fusionado correctamente durante la gestación, mientras que la anencefalia supone que el feto tiene una ausencia total o parcial del cerebro.

Según explica a este periódico María Teresa Prieto, ginecóloga en el Hospital Clínico Universitario Virgen de la Arrixaca de Murcia, la clínica de la espina bífida “es muy variable” y puede abarcar “alteraciones a nivel de la micción, retraso mental o dificultades para andar”, entre otras. Por su parte, los embarazos en los que el feto sufre anencefalia “suelen ser gestaciones que se interrumpen, normalmente entre la semana 12 y la 20”.

Sin cambios en los últimos 20 años
Sin embargo, a pesar de que cada año son unos 5.000 los embarazos afectados por defectos del tubo neural en toda Europa, y de que se sabe que el consumo de ácido fólico puede prevenir su prevalencia, lo cierto es que las cifras europeas de este tipo de problemas no han variado significativamente en los últimos 20 años. Y según el BMJ, el problema podría estar en que su consumo en Europa no es más que una recomendación, mientras que en Estados Unidos los programas de suplementación sí son obligatorios.

Analizando más de 11.000 casos de trastornos del tubo neural no cromosómicos pertenecientes a unos 12.500 millones de nacimientos de 19 países europeos entre los años 1991 y 2011, los investigadores observaron que la prevalencia total de estas anomalías [9,1 por cada 10.000 nacimientos ] no había descendido sustancialmente en los últimos 20 años, lo que haría necesario replantearse el enfoque actual.

En 2009, EUROCAT, el programa de vigilancia europeo de anomalías congénitas, publicaba un informe especial que subrayaba que la mayoría de las mujeres europeas no tomaba suficiente ácido fólico durante el embarazo, o lo hacían demasiado tarde, lo que suponía que el impacto en la reducción de estos trastornos era “mínima”.

Entre uno y tres meses antes de la concepción
Hay varios factores que podrían influir en esto. Para empezar, que muchos embarazos no son planificados -la mitad, según un editorial que acompaña al artículo del BMJ-, lo que hace que muchas mujeres no tomen el ácido fólico antes de la gestación. “Muchas empiezan a tomarlo una vez que saben que están embarazadas, y el tubo neural se cierra entre las semanas seis y la ocho de gestación”, lo que haría que en ocasiones se llegara tarde, explica a EL MUNDO Prieto, quien recuerda que los suplementos deben empezar a tomarse entre uno y tres meses antes de la concepción y mantenerse durante el primer trimestre, aunque la tendencia últimamente está siendo durante todo el embarazo.

Otro problema podría ser que hay mujeres que, aunque lo tomen, no asimilan bien el ácido fólico. Aunque es raro, Prieto explica que algunas mujeres “tienen una mutación en una encima [la metilen-tetrahidrofolato reductasa (MTHFR)] que hace que no puedan transformar los preparados de ácido fólico”, y por tanto, su cuerpo no los absorbe.

El consumo tiene que ser diario
También es importante apuntar que el consumo de ácido fólico debe ser diario. Según apunta la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO), “es muy importante que la administración de ácido fólico sea preconcepcional y diaria, dado que no existe una reducción apreciable del riesgo cuando el suplemento se toma de forma irregular o se inicia a partir del segundo mes de la gestación”.

En este sentido, la cantidad diaria recomendada de ácido fólico para una mujer embarazada es “del 200% respecto a una que no lo está”, apunta Prieto, lo que equivaldría, según la Dirección General de Salud Pública del Ministerio de Sanidad, a 0,4 miligramos al día para una mujer sin antecedentes de defectos del tubo neural y a cuatro miligramos para aquella que sí tenga antecedentes. Las mujeres que tienen factores de riesgo, “como la diabetes o la obesidad”, señala Prieto, deberían tomar más, unos cinco miligramos al día. Además, los suplementos pueden combinarse con alimentos ricos en ácido fólico, como las espinacas, acelgas, la lechuga, el brócoli, los espárragos o las lentejas.

Son algunos de los factores que podrían incidir en que la estrategia frente a estos problemas no esté funcionando, y que llevan a los autores del estudio a pedir un cambio en las políticas que haga que la recomendación de suplementar con ácido fólico deje de ser voluntaria. “Hace falta una postura que lo establezca como obligatorio”, considera este periódico Jackie Calleja, ginecólogo del Hospital Quirón de Madrid, quien apunta que “es muy triste pensar que todavía en el siglo XXI en Europa se siguen viendo estas complicaciones por una falta de cumplimiento de los programas de prevención”.

“La estrategia europea actual no está logrando prevenir muchos defectos del tubo neural”, puede leerse en el editorial que acompaña al artículo del BMJ. “La suplementación obligatoria ha funcionado en muchos países, entre ellos Estados Unidos y, hasta la fecha, no se han visto importantes efectos adversos, por lo que este estudio debería llevar a las autoridades de la Unión Europea a reconsiderar esta opción”.

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