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La noticia de la muerte de Fidel Castro se expandió rápidamente por Miami, el centro de la comunidad de exiliados cubanos, donde una efusión de emocionadas multitudes salieron jubilosas a las calles de la Pequeña Habana.

Algunos destaparon botellas de champaña, otros sacaron ollas y ondearon la bandera cubana celebrando la muerte del hombre que definió la vida de muchos cubanos a través de décadas de exilio en Estados Unidos.

Cientos de personas se reunieron a las afueras del Café Versailles, el que ha sido durante mucho tiempo el lugar favorito de la comunidad de exiliados, ocupando calles y andenes, coreando, cantando, bailando y grabando en sus teléfonos celulares el histórico momento.

Otros gritaban “libertad”, una expresión de esperanza para sus compatriotas en Cuba.

La celebración se extendió hasta las 4 de la mañana, hora local, más de cinco horas después de que fuera anuncia por primera vez la muerte de Fidel Castro a través de la televisión estatal cubana.

Los automovilistas que pasaban por la Calle Ocho se sumaron a la celebración haciendo sonar sus bocinas y encendiendo las luces al pasar por el corazón de la Pequeña Habana.

El sábado por la mañana una nueva ola de celebraciones empezaron en este lugar con más gente celebrando y ondeando banderas.

‘Todo el mundo espera una Cuba libre pronto’

“Se trata de una celebración, pero no es una celebración de la muerte, sino el principio de la libertad que hemos estado esperando durante muchos años”, dijo un cubano-americano.

“La esperanza no es solo por la muerte de Fidel, también esperemos que la gente de Cuba se abra un poco más para que vaya en contra de lo que está sucediendo allí”, añadió.

Muchas familias han sufrido décadas de separación, dice él, pues muchos se fueron sin la posibilidad de regresar.

Otro cubanoamericano nacido en Miami le dijo a CNN que vio “este gran momento no como la celebración de la muerte de alguien, sino para celebrar la libertad”, particularmente de muchos prisioneros políticos que hay aún en Cuba.

“Me encantaría ir a Cuba, a una Cuba libre. Ahora mismo Cuba no lo es. Así que creo que por eso son estas celebraciones porque todos tienen la esperanza de que los derechos humanos vuelvan a la isla”, dice.

Algunos cubanos exiliados han esperado años para este momento, con muchas falsas alarmas durante mucho tiempo.

El alcalde del condado de Miami-Dade, Carlos A. Giménez, dijo que la muerte de Castro “cierra un capítulo muy doloroso” para los cubanos y cubano-americanos “afectados por su cruel y brutal dictadura”.

Entre aquellos que salieron a las calles estaban cubano-americanos de todas las edades, incluyendo algunos que llegaron de Cuba por primera vez en 1959 luego de que el grupo revolucionario de Castro sacara del poder a Fulgencio Batista.

Otros se fueron de la isla en las décadas siguientes, muchos se unieron a sus compañeros exiliados en Miami y en otras ciudades de los Estados Unidos.

Más de 260.000 cubanos dejaron su país en un puente aéreo organizado por Estados Unidos entre 1965 y 1973. En 1980 Castro dejó que otras 125.000 personas se fueran en el caótico éxodo del Mariel. Entre ellos había criminales que permanecían en las cárceles cubanas y quienes llevaron consigo una ola de violencia criminal a Florida.

En otras oportunidades, cubanos desesperados dejaron su país en barcos improvisados a través del traicionero estrecho de Florida. Miles murieron ahogados o expuestos al brutal sol caribeño.

Pocos de los que dejaron la isla en 1959 habrían creído que Fidel Castro se mantendría en el poder durante tanto tiempo, y sólo le cedería la presidencia a su hermano Raúl en los últimos años.

“Hoy es un recordatorio de lo inevitable que es que la dictadura de Castro va a llegar muy pronto a ser una pesadilla del pasado”, dijo el representante cubanoamericano Mario Díaz-Balart, quien habló junto a otros legisladores de ese Florida.

Castro vivió los suficiente para ver un deshielo histórico en las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Las dos naciones restablecieron relaciones diplomáticas en julio de 2015 y el presidente Barack Obama visitó la isla este año.

Ese deshielo fue bien recibido particularmente por una generación más joven de cubanoamericanos, pero fue más problemático para una generación más vieja, que había apoyado las estrictas sanciones que durante décadas había impuesto Estados Unidos como medio para presionar el represivo gobierno de Fidel Castro.

 

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