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Al mismo tiempo rodeado de un aire esotérico y pieza fundamental del guardarropa, el humilde jean es todavía una de las prendas más complejas y misteriosas de todos los tiempos; una que crea una conexión emocional con quien la lleva puesta.

“Es muy personal, por el carácter único del tinte… Una vez que lo usas, el jean parece adoptar su propia personalidad. Cada patrón es único para cada individuo. Es algo que te pones y que con el tiempo se moldea a tu cuerpo y toma tus características”, dice Kara Nicholas, de la firma Cone Denim.

La fábrica de Cone Denim de Carolina del Norte, que produce todos sus jeanes clásicos y tiene una colección de telares de los años 40, celebró su 110 aniversario hace poco. “Hay una profundidad y una dimensión que ocurren en esos telares”, dice Nicholas, quien inició la moda de la “mezclilla auténtica” en los 80.

“Cuando la gente comenzó a coleccionar jeanes de época hubo esta idea de tratar de emular o replicar esa autenticidad. Siempre buscamos en los jeanes de finales del siglo XIX y comienzos del XX la inspiración, experimentando con diferentes hilos o diferentes fórmulas de teñido”, dice.

De los clásicos índigo a los acampanados, pasando por el fenómeno de pantalón súper ajustado (“de tubo” o “tubito”, según se le conoce en algunas partes, y que se atribuye a la diseñadora francesa Hedi Slimane en su paso por Dior Homme a principios de este siglo), los jeanes han permanecido arraigados en la moda desde los años 50 en adelante. Sin embargo, sus orígenes son puramente utilitarios.

Unos pantalones más resistentes
A Levi Strauss se le acredita la copaternidad del blue jean, creado en 1873 en el marco de la Fiebre del Oro de California que había tenido lugar un par de décadas antes. En su página web, Levi’s cuenta la historia de Strauss, un comerciante nacido en Bavaria que se mudó a San Francisco desde Nueva York en 1853 para abrir un negocio de venta de textiles al por mayor.

Allí se le acercó uno de los sastres que hacían parte de su clientela, Jacob Davis, quien buscaba un socio comercial para un diseño de pantalones con remaches en los puntos de mayor tensión para hacerlos más fuertes. La patente (para el proceso de poner remaches en los pantalones de trabajo para hombres) se les otorgó a Jacob Davis y Levi Strauss en compañía el 20 de mayo de 1973, creando una nueva categoría de ropa de trabajo y marcando el nacimiento del blue jean.

Según Levi’s, el primer diseño de blue jean -bautizado originalmente como el XX “overol de cintura”- tenía un solo bolsillo atrás con un bordado en curva, un bolsillo para el reloj, un cordón, botones para tirantes y un remache de cobre en la entrepierna.

Se cree que el principal ingrediente de la prenda –la mezclilla- se originó en la localidad francesa de Nimes. El nombre sería la americanización de la expresión coloquial “costura de Nimes” (Serge de Nimes).

Caracterizada por un entrejido de fibras natural e índigo, la robusta tela de algodón se usaba en el siglo XIX como materia prima para pantalones de los marineros de Génova. Se cree que la palabra francesa para Génova (Genes) habría sido la inspiración para “jean”.

Lote 501
Publicitada como “ropa de trabajo remachada para mayor durabilidad, hecha de auténtica mezclilla azul“, el parche de cuero de “dos caballos” de la marca Levi’s mostraba un par de jeanes suspendidos entre dos caballos de carga, como símbolo de fortaleza.

En 1890, el modelo, que se adoptó como uniforme de los vaqueros del oeste, recibió el número de lote “501”. Una versión con dos bolsillos se introdujo en 1901, mientras que en 1922 se le agregaron hebillas. La lengüeta roja se añadió al bolsillo derecho de los overoles en 1936 para “diferenciar los overoles de Levi’s de los muchos competidores en el mercado que estaban usando mezclilla oscura y bordado en curva”, según Levi’s.

En la medida en que las películas de vaqueros de Hollywood incrementaban el interés en el estilo de vida del salvaje oeste, los jeanes azules comenzaron a colarse entre la gente común en los años 30, para después desplazarse a la cultura juvenil en los años 50 bajo la influencia de estrellas rebeldes como James Dean.

Se cree que los adolescentes comenzaron a usar la palabra “jean” en la misma década, pero no fue hasta 1960 que Levi’s reemplazó el término “overol” con el de “jean” en su publicidad y en sus empaques.

Para darle otro giro a la historia, para muchos conocedores del jean hoy en día es el pantalón de “orillo” japonés el que más se parece a la versión original, producido en telares tradicionales (abandonados por los estadounidenses en favor de maquinaria más eficiente), con un 100% de hilo de algodón y tinte índigo.

La fábrica de la sociedad
Así como la naturaleza durable de los jeanes marcó su comienzo utilitario, revolucionarias fibras elásticas le han dado alas a su ascenso en el dominio de la moda, alcanzando una cumbre a principios del siglo XXI, con la era del llamado “jegging”.

La introducción de la Lycra Spandex literamente expandió sus oportunidades, confirma Nicholas, quien cita entre otros avances que “tratan de volver la moda funcional” las fibras sostenibles y la mezclilla “de alto rendimiento”.

Cone se asocia regularmente con compañías de tejidos como Invista para lograr tales innovaciones. Recientemente se unió con Unifi, cuya tecnología Repreve produce fibras a partir de botellas de agua recicladas; así nació la tela Cone Toch.

Jeanologia, una compañía de Valencia, España, que se especializa en maquinaria láser, se encuentra entre las pioneras de nuevas tecnologías con conciencia ecológica que busca reproducir los efectos de lavado y uso en los jeanes, uno de los procesos más contaminantes de la industria textil.

“(Buscamos mantener) esta idea de que los jeanes tienen alma, de que forman parte de ti, ya que la manera en que se llevan es única para cada persona. Cuando vamos a la tienda de jeanes, subconscientemente buscamos algo que se parezca a nuestro par de jeanes favorito“, dice Enrique Silla, director ejecutivo de Jeanología.

Silla opina que el agua y los químicos utilizados en la industria textil son “prehistóricos”. Avances como los que produce su compañía revolucionarán una industria que está intentado limpiar sus métodos, asegura. Según él, el 20% de los fabricantes de jeanes están trabajando con ellos.

Con una producción de más de 5,000 millones de jeanes al año, el consumo de la prenda equivale hoy en día a 1.5 pares per cápita en Europa y a 4 per cápita en Estados Unidos, pero pronto se elevará a “un jean por persona en todo el planeta”, asegura Silla.

Todo esto ocurre al mismo tiempo en que, como si de la película de “Volver al Futuro” se tratara, la industria continúa buscando en el jean original la inspiración para sus productos.

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