Si le preguntas a Óscar López, haber sido deportado fue lo mejor que le ha pasado. Sus padres lo llevaron a Estados Unidos cuando tenía sólo tres años, con la esperanza de ofrecerle una vida mejor. Pero cuando era un adolescente, su futuro parecía sombrío.

López recuerda que era un buen estudiante en su escuela secundaria en Fort Worth, Texas. Pero también era un aspirante a gánster que terminó por pasar siete años tras las rejas. Obtuvo su certificado de estudios de preparatoria en la cárcel.

“Ser deportado fue lo mejor que me ha pasado”, dijo López, ahora de 38 años. “Con el ritmo de vida que estaba llevando, hubiera sido una estadística”.

Hoy en día, López vive en Chihuahua, México, con su esposa y su hija. “Estando aquí en México, me encontré con mi esposa y tenemos una bebé hermosa. Son enormes bendiciones”, dijo.

López y su familia.

Cuando llegó a México, López aprovechó su nivel de inglés a la hora de encontrar trabajo. Durante los últimos 10 años, ha trabajado en un centro internacional de atención al público que proporciona servicios al cliente, sobre todo para empresas con sede en Estados Unidos y sus clientes.

López dijo que alrededor del 30% de los trabajadores en el call center de Chihuahua creció en EE.UU. y fueron expulsados o regresaron por su propia cuenta a México. Esa mezcla ha ayudado a mantener una cultura muy estadounidense en la oficina, pero, aún así, los nuevos trabajadores sienten nostalgia de Estados Unidos, dijo.

“Yo entiendo que entre ganar pesos y ganar dólares hay una gran diferencia, y no se puede tener de inmediato la calidad de vida que había en Estados Unidos”, dijo López.

Su propia transición a la vida mexicana tuvo su dosis de obstáculos. “En México, no hay espacio personal. Tenía que decirle a la gente que no estoy acostumbrado a que estuvieran tan cerca de mí”, dijo.

Sin embargo, López ya se ha adaptado -y prosperado- en México.

Llegó a México justo cuando la economía estaba en una fase de expansión. Ahora, él y su familia forman parte de la creciente clase media del país.

Fue ascendiendo en su lugar de trabajo y en la actualidad supervisa 17 entrenadores de empleados y sus más de 80 representantes de servicio al cliente.

“Me encanta la gente aquí, y ayudar a desarrollar sus carreras”, dijo.

López ahora es propietario de una casa, tiene dos coches y puede llevar a su familia de vacaciones al extranjero.

“Le digo a mi madre que si yo viviera en Estados Unidos, no sé si tendría mi propia casa. Creo que estaría alquilando”, dijo.

López admite que no todo el mundo en México ha tenido las oportunidades que él ha tenido. Dijo que crecer en EE.UU. y hablar con fluidez inglés le ha dado una ventaja a la hora de encontrar trabajo.

“No es la misma vida que en Estados Unidos, pero hay mucho trabajo aquí si hablas inglés,” dijo.

Para los mexicanos indocumentados que viven en EE.UU. con el temor de ser deportados, López dijo que México no es el país que recuerdan. Además, dijo que si terminan en México podrían salir de las sombras.

“Aunque tu jaula sea dorada, no deja de ser una prisión”, dijo sobre la vida en Estados Unidos. “En México, al menos eres libre”.

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