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El Papa Francisco, que se opone a la pena de muerte y ha lavado los pies de presos,visitará una cárcel en Filadelfia el próximo domingo alimentando las expectativas de que el Congreso logre reformar un sistema de justicia criminal que, según activistas, se ensaña contra las minorías.

En la Correccional Curran-Fromhold, el Papa Francisco se reunirá con varios de los 2,900 reclusos antes de oficiar la misa multitudinaria que dará cierre al Encuentro Mundial de Familias y a su histórica visita en EEUU.Su visita coincide con los esfuerzos en el Congreso para aprobar un paquete de reformas que reduzca las sentencias mínimas carcelarias para delitos de droga no violentos.Durante su pontificado, el Santo Padre se ha solidarizado con los presos, predicando “una profunda misericordia y amor de Dios” hacia ellos y, en el Año de la Misericordia, “no va a vacilar en levantar su voz”, dijo a este diario el arzobispo auxiliar de Washington, Mario Dorsonville, de origen colombiano.

Peter Enns, director del Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad de Cornell, señaló que, cada vez más, la opinión pública está del lado del Papa al oponerse a la pena de muerte y el encarcelamiento masivo.“EEUU es el carcelero más prolífico del mundo y el que más sentencias de cadena perpetua y pena capital emite de cualquier democracia avanzada. Pero la opinión pública, las declaraciones políticas y el sistema criminal en EEUU parecen moverse hacia una dirección menos punitiva”, observó.

Misericordia y rehabilitación

En julio pasado el Papa visitó la hacinada cárcel de Palmasola en Santa Cruz (Bolivia), la más grande y violenta en ese país, desde la que urgió respuestas a problemas como “el hacinamiento, la lentitud de la justicia, la falta de terapias ocupacionales y de políticas de rehabilitación”.

En 2014,  equiparó el confinamiento en solitario a la tortura y señaló ante una conferencia de la Asociación Internacional de Leyes Penales  que, si bien el perdón no elimina ni diminuye “la necesidad” de justicia, sí es clave para ayudar en la reinserción civil de los reos.

El “Papa de los pobres” aún era el arzobispo Jorge Mario Bergoglio de Buenos Aires cuando la Conferencia de Obispos Católicos de EEUU (USCCB, en inglés) emitió en 2000 una declaración pastoral que denunció el lucrativo negocio de las cárceles y el encarcelamiento masivo en este país.Con un costo anual de unos $80,000 millones, Estados Unidos tiene una de las poblaciones carcelarias más grandes del planeta, con 2.3 millones de presos –una cuarta parte del total de reos en el mundo-, pese a que tiene apenas el 5% de la población mundial.

En ese sentido, durante una rueda de prensa cerca de la Iglesia San Patricio –una de las paradas del Papa en Washington- el reverendo metodista Maidstone Mulenga, dijo el viernes pasado que EEUU debería sentir “vergüenza” de que “más hombres negros van a la cárcel que a las universidades” y, en consecuencia, debe poner fin al encarcelamiento masivo.Con el recrudecimiento de la lucha antidrogas a comienzos de la década de 1980, los jueces comenzaron a imponer castigos más severos por delitos menores con la idea de disuadir el negocio  ilícito

Negociaciones bipartidistas en el Congreso

El presidente del Comité Judicial del Senado, el republicano Chuck Grassley, lidera las negociaciones bipartidistas en torno a un proyecto de ley que, de ser aprobado, reduciría las sentencias mínimas mandatorias por delitos de droga no violentos. La legislación también permitiría que algunos presos con bajo riesgo de reincidencia salgan libres con más celeridad si toman cursos o participan en tratamientos contra la drogadicción.

Con la consigna de “menos cárceles y más clínicas”, activistas cívicos y religiosos se movilizan a favor de una reforma de justicia criminal que dé a los jueces más flexibilidad para reducir las sentencias por delitos menores.Varias congregaciones religiosas se han sumado a la campaña de oración y servicio de la Iglesia Católica, denominada “#CaminandoconFrancisco”, para lograr esa meta.

La influencia del Vaticano

Aunque tanto la Iglesia Católica como la Administración Obama insisten en que el Papa no viene a EEUU a dictar soluciones políticas, expertos consultados por este diario coincidieron en que su trayectoria y autoridad moral puedan dar un “empujón” al asunto.

Es que, de todos los temas que se prevé abordará el Papa, como el cambio climático, inmigración, el aborto y la apertura hacia Cuba, el de la reforma judicial es de los pocos en que hay apoyo bipartidista.“Las visitas a prisioneros forman parte del testimonio de los cristianos hacia los pobres y vulnerables, y el Papa lo ha hecho en sus viajes… es parte importante del mensaje de que el amor y la misericordia de Dios se extiende a todos… aunque no los mencione en su discurso ante el Congreso, también ellos estarán presentes implícitamente”, dijo Joseph Capizzi, profesor de Teología y Etica de la Universidad Católica de EEUU (CUA).

El encarcelamiento masivo afecta desproporcionadamente a los pobres y las minorías y el Santo Padre “abordará este asunto de alguna manera”, dijo, por su parte, Anthony Granado, asesor de desarrollo social de la USCCB.“¿Qué mejor manera de mostrar solidaridad con la visita del Papa que avanzar una legislación bipartidista de reforma de justicia criminal?… como ha dicho el Papa, la verdadera justicia no se satisface meramente castigando a criminales”, afirmó Granado, quien considera posible que el Sumo Pontífice pida la abolición de la pena capital.

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