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La memoria puede ser tan poderosa que un aroma o la sensación de un determinado clima nos puede hacer vivir casi de nueva cuenta una experiencia: recuerdos qué pensábamos cuando sucedió, si sentíamos tristeza, felicidad, o incluso hambre o cansancio. Si alguna vez, en una discusión, tu pareja te ha dicho sorprendida: “¿Cómo es que todavía recuerdas eso?”, entenderás muy bien a qué me refiero.

No todas las personas cuentan con memoria impecable, por lo que en general todos tenemos recuerdos y etapas de la vida que se han ido desdibujando con el paso del tiempo.

Robin Lohman, autor de Los siete regalos de la memoria, Editorial Urano, explica que hay cuatro motivos por los que algunas experiencias permanecen vivas en nuestra memoria y otras se esfuman casi sin dejar registro. Tenemos recuerdos memorables gracias a que:

  1. Vivimos un acontecimiento nuevo, único o particularmente importante.
  2. Hay un juego de emociones intensas, ya sea en el momento de la experiencia, o bien más tarde, en la mirada retrospectiva.
  3. Reconocemos la importancia de cierto acontecimiento, que originalmente fue registrado, y que sin embargo es cierto tiempo después cuando encontramos su relevancia.
  4. Les adjudicamos un significado simbólico.

Por alguna de estas razones habrá alguno de nosotros que recuerde de manera casi fiel el nacimiento de su hija, aunque hayan pasado muchos años desde entonces; o bien, el momento en el que nos dieron una noticia que fue trascendental en nuestra vida, por lo que recordamos de manera minuciosa lo que pasaba a nuestro alrededor.

También guardamos recuerdos de menor relevancia personal que el nacimiento de un hijo o la pérdida de un ser querido y que debido a su impacto los tenemos muy claros y hasta los compartimos con otros contemporáneos, como algún hecho noticioso o entretenido.

Recuerdos ¿buenos o malos?

Robin Lohman explica que el hecho de que valoremos un recuerdo positivo o negativo no depende del contenido objetivo del recuerdo, ni de lo vivido originalmente, sino de cómo valoremos ese recuerdo desde nuestra perspectiva actual. “En un sentido estricto, esta valoración tiene incluso, menos que ver con el recuerdo en sí, y más bien refleja la calidad de la relación entre el recuerdo y nuestra vida actual”, comenta.

Por lo que en su momento, alguna situación que fue desagradable o desafortunada, quizá ahora la vivimos de una manera distinta e incluso ahora la valoremos y la percibamos como positiva. En el deporte es fácil encontrar este tipo de anécdotas debido a que existen profesionales que vivieron alguna competencia que no ganaron y convirtieron la experiencia en una fuente de aprendizaje: lo que en su momento fue motivo de tristeza, tiempo después es un recuerdo con gran impacto e inspiración.

recuerdo adolescencia
Algo parecido ocurre con ese regaño que nos dieron los padres en la adolescencia y que ahora, al paso de los años, tiene un nuevo sentido en nuestra memoria. “Cuando se trata de experiencias biográficas y recuerdos de una vida, no hay objetividad. Lo único que cuenta entonces es la importancia de una experiencia o un recuerdo para quien los tiene. La visión totalmente personal de las cosas”, finaliza el autor.

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