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El primer discurso del “Estado de la Unión” pronunciado por el presidente Donald Trump acentuó los temas que movilizan a su base: religión, bandera, fronteras, trabajos para los “ciudadanos” –a diferencia de los que no lo son- , pero lejos de ser unificador, mantuvo bien claras las líneas de diferenciación entre quienes son, para el presidente, los verdaderos estadounidenses, a saber: los que no protestan, los que son fieles al gobierno federal y los que no son inmigrantes.

Varios expertos politólogos y analistas de retórica presidencial analizaron para La Opinión el discurso de Trump ante una sesión conjunta del Congreso y los poderes estadounidenses al pleno, este martes por la noche.

Nada sorprendió demasiado, pero hubo pequeños detalles que dejaron entrever que el tono del presidente -que quiso ser calmado, casi apagado- no se convertiría en políticas unificadoras o incluyentes.

“Podría definir el discurso como “los hits de Donald Trump con un intento de retórica elevada estilo Reagan, no se equivocó al leer el discurso, lo cual es una barra muy baja”, dijo Sherry Bebitch Jeffe, analista política y profesora de comunicación política de la Universidad del Sur de California.

“Sin embargo en contenido no pude evitar regresar a los años cincuenta, a los Estados Unidos de hace muchas décadas, particularmente cuando habló de que los funcionarios públicos debían ser leales y que buscaría dar a los jefes de departamento más poder para despedir a los que no lo fueran“, agregó la politóloga.

La inmensa mayoría del discurso se ocupó en temas domésticos y hubo poca o muy pírrica mención de países que fueron clave en su campaña política como “villanos de la película”: China, por ejemplo. Una sola línea mencionó a China como “competidor”, pero nada sobre la balanza comercial o sobre el robo de propiedad intelectual.

Rusia, el centro de la investigación que le sigue al presidente por posible “colusión” para influenciar las elecciones en las que fue electo, recibió apenas una frase, en la misma oración que China.

El dice que Estados Unidos es primero, ese es su eslogan, y dentro de estados Unidos, están quienes califican y quiénes no. Por ejemplo, dijo que los estadounidenses “también son soñadores” y me parece que esa línea estaba destinada a clarificar que los otros dreamers, los inmigrantes, no son verdaderos estadounidenses”, apuntó el profesor de gobierno y política Jamie McKown del Colegio del Atlántico en Maryland.

Latinoamérica no existe, sólo las dictaduras de Cuba y Venezuela, que el presuntamente está combatiendo y México no recibió ni una sola mención, ni siquiera la famosa “y pagarán por el muro”.

“Eso ya quedó en la historia”, dijo McKown.

Usando a invitados tomados del pueblo estadounidense, Trump buscó conectar con historias reales, un recurso que han usado todos los presidentes desde Ronald Reagan, pero en muchos casos “el mensaje fue bastante duro, oscuro, en particular al usar a los padres de las dos víctimas del MS-13 que usó para pintar como pandilleros y criminales a los inmigrantes en general”, dijo David Caputo, presidente emérito de Pace University en Nueva York. “El mensaje sobre inmigración es el que suele usar siempre, la inmigración hay que controlarla, los inmigrantes son peligrosos”.

A pesar de todo esto, el presidente fue muy general en presentar su agenda, limitándose a tomar crédito por el estado de la economía y por el bajo desempleo de latinos y afroamericanos, aunque el año que él ha gobernado fue el que menos trabajos añadió a la economía desde el primer gobierno del presidente Barack Obama.

No le pidió nada o casi nada al congreso, que es algo que se hace en estos discursos y cuando mencionó temas como la crisis del consumo de drogas, no presentó soluciones”, dijo la profesora Donna Hoffman, politóloga de la Universidad de Iowa.

Podría decirse que en tono el discurso lo hizo lucir “más presidencial”. Al menos, agregó Hoffman,no es el tono de voz “al que nos tiene acostumbrados”.

Si bien sorprendió que Trump leyera un discurso completo sin desviarse del guión y mantuvo un tono relativamente calmado, todo puede acabarse en pocas horas, cuando se levante y vea los programas de la mañana y comience el frenético tuiteo que es cosa de todos los días.

La mayoría de los presidentes buscan inspirary unir  al país en torno a su liderazgo con sus discursos anuales, dijo Hoffman. “No está claro que este discurso logró semejante cosa”.

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