Obama quiere un país justo con todos. El presidente anunció en su discurso sobre el Estado de la Unión que es hora de repartir los beneficios del crecimiento con la clase media y con los que se han esforzado en la recuperación económica. Todos pagamos y sufrimos los costes de la crisis, el presidente no quiere dejar detrás a quienes más han sufrido. No es aceptable “una economía en la que a sólo a unos pocos les va espectacularmente bien”.

La extrema desigualdad es un cáncer que ninguna nación puede soportar. La demanda de Obama es recuperar lo mejor de los tiempos en que EEUU se hizo grande gracias a las oportunidades para todos, a una clase media fuerte y al sueño americano de dar y recibir gracias al esfuerzo de todos los días. Ese esfuerzo merece una recompensa que muchos no reciben porque menos del 1% de la población y las grandes empresas concentran los beneficios.

La situación económica de Estados Unidos ha mejorado. “La economía crece, los déficits se reducen, la industria se desarrolla y la producción energética está en auge”, dijo Obama. Los gastos de salud ya no suben tanto gracias a Obamacare, el empleo se recupera, hay 10 millones más de personas con seguro médico.

La economía mejora, pero no para todos. Los salarios no han crecido y cada día es más caro y difícil el acceso a la educación y al resto de beneficios de una sociedad innovadora y dinámica. Los grupos de menores ingresos están relegados. Entre ellos, la mayoría de los latinos, con salarios estancados en niveles del siglo pasado.

Obama propone cambios concretos para beneficiar a la clase media: expandir los días de enfermedad con goce de sueldo, aumentar la licencia por enfermedad o crisis familiar a empleados federales, mejorar los planes de jubilación, aumentar el crédito fiscal por cada hijo y aliviar ciertos impuestos para gente de bajos ingresos.

Y subirlos para quienes ganan más de medio millón de dólares. Aquí se concentra la oposición republicana. Parece que ningún tema les interesa más que la defensa de los más ricos.

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