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El magnate Donald Trump lanzó su candidatura presidencial a mediados de junio y tres semanas después  ya estaba en la delantera de las primarias de su partido, aunque por pocos puntos sobre el supuesto favorito del partido, Jeb Bush.

Desde entonces han sido muchos los escándalos, los encontronazos y los insultos que Trump ha lanzado contra mujeres, veteranos (el senador John McCain) y periodistas (Megyn Kelly, de Fox y Jorge Ramos, de Univisión).Su “plan de inmigración”, que llama a deportar, deportar y deportar, aparte de construir muros y sancionar a México sigue siendo el único punto de su plataforma publicado en su página web.

Ha ido a la frontera y ha mandado a callar a José Díaz Balart de Telemundo, ha llamado “un tipo sin energía” a Jeb Bush y ha dicho que “el sueño americano está muerto”.Cualquiera de esos escándalos podría haber acabado con un candidato más débil. Pero Trump no ha hecho más que subir en las encuestas, volverse más popular, ganar más seguidores y lograr enormes ratings.La última y reconocida encuesta en medir la popularidad de los precandidatos republicanos cayó como balde de agua a fines de esta semana, demostrando que Trump es una fuerza natural incontenible. Al menos por ahora. 

La encuesta de Quinnipiac University dada a conocer el jueves midió las preferencias de los votantes republicanos entre el 20 y el 25 de Agosto.  En dicha encuesta, Trump acapara un 28% de las preferencias, una cifra notablemente alta en un grupo de 17 candidatos. El segundo, con 16 puntos menos es un candidato poco conocido, Ben Carson. En tercer lugar, con 7 %, está el supuesto favorito.

Trump es un desafío

Lo que está ocurriendo con Trump desafía lo conocido por los encuestadores y observadores políticos.

David Johnson, analista y consultor de campañas republicanas, indica que Trump está apelando a la fuerte base conservadora del partido republicano. “Por el momento ha logrado unir buena parte de esa base, aunque hay otros candidatos que, teóricamente, también están compitiendo por ese voto”.En artículos de opinión y columnas, diversos observadores del mundo periodístico y conservador, se rascan la cabeza con el “fenómeno Trump” y vaticinan que el escandaloso magnate va a hacerle mucho daño al partido republicano.Ya nadie –o casi nadie- se burla de Trump o piensa que no puede, al menos, quedarse un buen rato en la contienda.

Incluso es posible que pueda ganar algunas primarias, aunque estas están aún muy lejos en el horizonte (empiezan en febrero de 2016).Para el profesor Adrián Pantoja, de Pitzer College, la razón del éxito de Trump es precisamente su capacidad de conectar con lo que otros piensan pero que otros candidatos no dicen de manera tan burda o abierta.“Cuando lanzó su candidatura la verdad no recibió tanto apoyo.

Era un poco como: aquí está este tipo otra vez. Pero había dicho eso de que los mexicanos enviaban a los violadores y delincuentes y tuvo una reacción fuerte en medios latinos y en el mundo de negocios”, indica Pantoja.Fue entonces cuando Trump empezó a llamar la atención del segmento duro de los republicanos, que antes se pensaba iban a apoyar a Ted Cruz, Rick Santorum o Scott Walker.“Creo que esos votantes conservadores dijeron…ajá, las minorías están enojadas, debe estar diciendo algo que nos gustará”, continuó Pantoja.La campaña de Trump ha sido tan escandalosa y entretenida que no le hace falta pagar por comerciales: los medios de prensa le dan toda la promoción gratis que el quiera.

Mientras tanto el resto de los candidatos, tanto republicanos como demócrata, están perdidos en un mar de “trumpismo” mediático.A Trump lo han llamado payaso, lo han convertido en piñata y han hecho muchos “memes” graciosos en medios sociales usando su imagen.Pero esta semana, un columnista del Washington Post llamado Eugene Robinson escribió un artículo indicando que “los que piensan que Trump no puede ganar la nominación republicana están en un estado de negación”.Y las encuestas parecen seguir diciendo que Robinson tiene razón.

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