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El jurado del caso contra el narco mexicano llegó a un veredicto de culpabilidad después de un juicio de tres meses en los que quedaron al descubierto, con un drama digno de una narcoserie, los secretos del otrora todopoderoso jefe del cartel de Sinaloa.

Joaquín el Chapo Guzmán Loera fue encontrado este martes culpable de narcotráfico en el tribunal federal de Brooklyn, Nueva York, por los 12 miembros del jurado que desde el pasado noviembre tenían en sus manos la suerte del capo mexicano, considerado uno de los mayores narcotraficantes de la historia en ser procesado por la justicia de Estados Unidos.

Los ciudadanos anónimos, de quienes no se ha hecho pública la identidad, dieron un veredicto de culpabilidad tras 6 días de deliberaciones en cargos relacionados con el narcotráfico imputados al Chapo, de 61 años, a quien pudiera imponérsele la pena de cadena perpetua si así lo determina el juez del caso, Brian Cogan, cuando le imponga la condena en unas semanas.

La decisión del jurado compuesto por ocho mujeres y cuatro hombres no ha generado sorpresa entre quienes han seguido las 11 semanas de juicio, que a menudo daba la sensación de seguir el guion de una las populares narcoseries, con escenas de llantos, relatos de sangrientos asesinatos y acusaciones de corrupción al más alto nivel incluidas.

En total, la fiscalía federal ha hecho desfilar a 56 testigos y ha aportado, entre otras pruebas, grabaciones de llamadas telefónicas que retratan al escurridizo Chapo como un sanguinario narcotraficante al frente de una enorme red criminal que generó, calculan las autoridades, una fortuna de $14,000 millones.

“Señoras y señores, les hemos presentado una montaña de pruebas”, dijo al jurado la fiscal federal Andrea Goldbarg, de origen argentino, durante los alegatos finales de la acusación, en los que desplegó cajas cargas de documentos, tres fusiles de asalto AK-47, chalecos antibalas y paquetes de cocaína.

“¿Quién viaja en un auto blindado?, ¿quién tiene una plantilla en rotación de cocineros y secretarios?, ¿quién escapa de un túnel construido directamente debajo de la bañera de su baño?, ¿quién cuenta con un ejército para protegerlo de sus enemigos y quién tiene enemigos de los que necesita protegerse con un ejército?, ¿quién tiene una pistola con diamantes incrustados? El jefe del cartel de Sinaloa”, agregó.

Esa red criminal, que fue creciendo a lo largo de varias décadas, era capaz de importar a México toneladas de cocaína colombiana a través de avionetas y barcos pesqueros, almacenarla y luego hacerla llegar a Estados Unidos camuflada en camiones, latas de jalapeños y túneles por debajo de la frontera, entre otros métodos, todo bajo la protección de las autoridades compradas a base de generosos sobornos, según los testimonios presentados por la fiscalía.

En contraste con el extenso caso presentado por las fiscalía, cuando llegó su turno, el abogado del Chapo Jeffrey Lichtman solo llamó a un testigo y leyó un documento. En total, le tomó 30 minutos.

En su argumentación final, el letrado volvió a reiterar su posición de que su cliente fue víctima de un complot orquestado por Ismael el Mayo Zambada, uno de los socios del Chapo, con la ayuda de las más altas autoridades mexicanas y la colaboración de las agencias policiales estadounidenses, que querían la cabeza de Guzmán como si fuera un trofeo.

Lichtman recordó al jurado que algunos de los exnarcos que habían testificado contra su cliente habían cometido crímenes espantos y no merecían credibilidad, ya que su único objetivo era ganarse el favor de las autoridades a costa del acusado.

“Les han mentido una y otra vez y el gobierno no lo ha impedido”, sostuvo el abogado, quien apeló a los jurados a que tuvieran en cuenta la duda razonable en sus deliberaciones. “Una casa construida sobre cimientos podrido no puede sostenerse por mucho tiempo. ¿Tenemos que creernos las palabras de estos lunáticos?”.

Al final no hubo sorpresas y los 12 ciudadanos anónimos de Brooklyn a los que en suerte, buena o mala, les tocó decidir el futuro del Chapo acabaron encontrándolo culpable. Por ello, tras liderar un auténtico imperio criminal y eludir a las autoridades durante largos años, el destino ahora del capo mexicano es acabar sus días tras las rejas de un penal de máxima seguridad en algún lugar de Estados Unidos.

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