El Sínodo del Vaticano terminó ayer sin el final que se había previsto el lunes cuando adelantó una declaración que rezaba que «Los homosexuales tienen dones y cualidades que ofrecer a la comunidad cristiana». Se esperaba una apertura o aceptación más grande hacia la comunidad gay, pero en realidad la asamblea terminó sin el consenso entre los obispos asistentes sobre qué decir sobre los homosexuales, y si se les daba comunión a los católicos divorciados o vueltos a casar.El reporte final de ayer bajó el tono del lunes. Los obispos conservadores habían expresado alarma de que se estaba enviando un lenguaje mixto sobre el matrimonio y la homosexualidad.En la última sesión, el Papa Francisco fue muy aplaudido por los presentes cuando alertó sobre «la rigidez hostil de los tradicionalistas», pero a la vez avisaba sobre los «progresistas que querían vendar una herida antes de tratarla».La asamblea quedó lejos de una última palabra y al parecer sólo sirvió para abrir el debate, algo que Francisco intentó desde el año pasado cuando dijo que «quién era él para juzgar a los homosexuales».

 

El padre católico Carlos Mullins (83), que celebra misa en español todas las mañanas en la Catedral de San Patricio, dijo que la escueta declaración del sínodo busca que se termine la condena a los homosexuales. «Yo tengo amigos gays y son personas educadas, cultas y respetuosas», dijo el nativo de Argentina.

El padre Mullins dijo que hay que encontrar lo positivo en esas uniones: «Muchas personas han encontrado la felicidad. Además, condenar está en contra del evangelio».Sin embargo, el mensaje está abierto a interpretaciones. «Una cosa es el acto y otro la persona», dice Mullins, quien explica que la doctrina tradicional dice que los actos homosexuales van en contra de la moral, pero hay que respetar a los individuos.«Yo soy fiel a las enseñanzas del evangelio y busco un equilibrio entre la moral y la misericordia. La doctrina no va a variar: el matrimonio será siempre entre un hombre y una mujer», dijoEl documento final de Sínodo, que todavía no ha sido aprobado y que abordará temas de familia incluyendo el divorcio, será enviado a finales de mes a todas las diócesis del mundo para una consulta amplia. Los resultados serán enviados al Vaticano para ser considerados en otra asamblea prevista para el 2015. En ella se finalizarán las recomendaciones al Papa sobre posibles cambios en la disciplina de la Iglesia.

El padre Thomas Vassalotti (50), párroco de la iglesia Divine Mercy en Brooklyn, en Nueva York, no especula sobre qué decidirá la iglesia: «No sé qué vaya a pasar: si va a haber una orden expresa del Vaticano para que se eliminen las críticas a los homosexuales, o si los van a recibir con los brazos abiertos».Vassalotti dice que quiere seguir siendo fiel a las enseñanzas. «La iglesia católica apoya el seguro de salud para todos desde hace un siglo, pero otros temas no. Quizás haya personas en nuestra iglesia que sigan en las trincheras y no se sientan cómodas con la mirada del Vaticano».La aparente apertura del Vaticano a los gays fue bienvenida por el sacerdote luterano Fabián Arias (50), quien dejó el catolicismo porque no quería «instalarle la culpa a los demás ni meterse en su vida privada, en temas como las relaciones prematrimoniales y el uso del condón».

El pastor argentino considera que lo dicho por el Vaticano responde a la línea marcada por Francisco desde el principio. «Es una apertura que rebaja las tensiones que había en las épocas de Benedicto o Juan Pablo. Pero no quiere decir que se vaya a permitir el matrimonio gay».

Arias cree que el Papa intenta poner lentamente en la mesa temas como el homosexualismo y el divorcio. «Hace diez años no se hablaba del tema, ahora es tema de discusión», dijo, y agregó que la Iglesia Luterana tiene resuelto el tema de la homosexualidad, «porque no hay conflicto con la misma».

Fuente:EldiarioNY