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Bloqueos emocionales, estrés, malestar… La litoterapia nos enseña que los minerales pueden ayudar a aliviar estos síntomas. Esta disciplina que tanto ayer como hoy rimaba con magia, seduce en nuestros días cada vez a más personas. ¿Qué sabemos sobre la acción de las piedras sobre el organismo? ¿Cuáles son sus virtudes? ¿Cómo elegirlas?

Ciertamente, no se trata de una ciencia fundamental, pero es una práctica que existe desde hace miles de años, y se conocen sus resultados que, con la experiencia, han ido generando un verdadero saber.

Piedras vivas

Hace tiempo, ciertamente, que el hombre utiliza las piedras para su bienestar o su salud. En Egipto, estos minerales se consideraban como sagrados, concretamente el lapislázuli o la turquesa. Más tarde, en el siglo XII, se atribuye la longevidad de la religiosa Hildegarde de Bingen, fallecida con 81 años, a las propiedades de las piedras terapéuticas que había estudiado y desarrollado en sus escritos.

Pero hoy en día, la idea de que los minerales pueden actuar sobre nuestro bienestar suscita, ante todo, un cierto escepticismo. Efectivamente, la primera reacción suele ser la de pensar que se trata de una terapia curiosa. Pero si se explica a una persona que una piedra, al igual que una planta, tiene un color, una forma y una composición química particular, puede comprender que está viva, y que por lo tanto desprende algo muy particular.

En el pensamiento común se parte del principio de que lo que no se mueve no está vivo. Sin embargo, sabemos que las piedras se mueven, puesto que crecen. La diferencia está en que, con relación a otros organismos vivos, el tiempo es mayor. Se trata de un proceso muy lento, pero una piedra no es algo inerte.

Los catalizadores del cambio

¿En qué exactamente los minerales pueden ayudarnos? Las piedras se reconocen como instrumentos para el bienestar y la conciencia, conciencia de uno mismo y de la vida. Esto puede ir desde las problemáticas concretas –no consigo montar mi empresa, me gustaría comunicarme mejor– a preguntas más abstractas –me falta energía vital, me gustaría desarrollar mis sentidos–. Pero las piedras no pueden, en ningún caso, curar de manera urgente y conviene insistir en esto.

En este sentido, la litoterapia no ofrece una fórmula mágica, sino que hace de catalizador para el cambio. No hay piedras de la suerte o de la felicidad, pero existen piedras que son beneficiosas. Y forzosamente, cuando se está mejor, la vida transcurre con mayor fluidez. En realidad, no es la piedra la que hace todo el trabajo. Las piedras muestran el camino, y luego cada cual debe tener en cuenta lo que nos muestran.

Fuente: Imujer